Durante los últimos cinco años, la CFE ha recibido unos 64,000 millones de pesos por año para “resarcir parcialmente el subsidio a las tarifas eléctricas que se otorga por parte de la empresa a los usuarios finales de los sectores doméstico y agrícola”. No es ningún regalo del gobierno al pueblo de México, ni mucho menos una muestra de la dimensión social de la compañía eléctrica. Es una mera transferencia del contribuyente a los hogares que consumen electricidad. Desafortunadamente, además, no siempre llega en su totalidad a los hogares. Los datos oficiales de tarifas y consumo sugieren que algunas veces el gobierno transfiere más dinero bajo este concepto a la CFE que lo que se requeriría para cubrir la diferencia entre las tarifas publicadas por la CRE y la propia SHCP. La CFE se embolsa el remanente, que ha llegado a decenas de miles de millones de pesos en un solo año.

Por escandalosa que sea, no es la única forma en la que CFE se aprovecha de sus clientes. Los opacos pagos cruzados por ‘demanda garantizada’, que describí con detalle la semana pasada, suman 138,000 millones de pesos durante los últimos tres años de datos disponibles. Son 46,000 millones de pesos anuales que han sido tan innecesarios para CFE Transmisión y CFE Distribución, dos monopolios que deberían tener una rentabilidad regulada, que se los han regalado como descuento a CFE Suministrador de Servicios Básicos.

Eso es solamente una parte. Si la CRE realmente supervisara que las tarifas de transmisión y distribución fueran adecuadas, sin permitir la extracción de rentas de monopólicas a costa de los usuarios del Sistema Eléctrico Nacional, las utilidades de CFE Transmisión y CFE Distribución en realidad rondarían los estándares internacionales de razonabilidad por el tipo de negocio. Siendo generosos, estas van de 6 a 8 por ciento. Para 2019 eso implicaría que, ya quitando la ‘demanda garantizada’, CFE Transmisión recibió 12,900 millones de pesos que no son más que extracción de renta monopólica mal regulada. CFE Distribución se embolsó más de 3,900 millones de pesos del mismo tipo de excedentes. Ambas cifras suman 16,800 millones de pesos, aun usando el límite más alto del rango rentabilidad. En 2017 y 2018, la extracción de excedentes fue ligeramente más abusiva. 

En total, el promedio de las transferencias por ‘demanda garantizada’ y los (injustificables) excedentes a una rentabilidad razonable arrojan una suma de 65,500 millones de pesos anuales. Es una cifra gigantesca aún para una empresa del tamaño de la CFE. Sin estos cuestionables ingresos, el EBITDA consolidado de CFE durante los últimos tres años se hubiera colapsado a la mitad. Por lo tanto, parece tener materialidad suficiente para considerarse como una ‘ayuda no comercial’ a una Empresa Propiedad del Estado. Son definiciones clave contenidas en tratados internacionales recientemente firmados.

Pero hay una forma más clara de verlo, que nos regresa justo al comienzo. El subsidio oculto hacia transmisión y distribución, que la CFE cobra abusivamente a los usuarios del sistema eléctrico, es tan grande que supera al subsidio completo a las tarifas residenciales, que la CFE cobra al presupuesto de la federación religiosamente. Alcanzaría para pagarlo en su totalidad. Estamos hablando de uno de los subsidios más costosos y controversiales de toda la región.

De perdida este último se transfiere de alguna forma –aunque sea incompleta, imperfecta y distorsionante– a los hogares mexicanos. El subsidio oculto de la CFE, que se podría convertir en 1,857 pesos anuales para los hogares mexicanos, no subsidia a nadie más que a la caja hoy a cargo de Manuel Bartlett.

@pzarater

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell

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