Los spots previos y posteriores al primer informe del presidente López Obrador son propaganda política como lo han sido los de todos los anteriores presidentes. En esto no hay ningún cambio con el pasado.

En esta ocasión, en esto sí hay un cambio, se acentúa el personalismo. No sólo es la imagen del presidente, sino que las acciones que se anuncian se presentan como sus logros y no del gobierno y sus instituciones.

Los spots, formalmente bien hechos, se dirigen al conjunto de simpatizantes del presidente y no a la sociedad en general. Se dicen las cosas que esa audiencia quiere oír.

El contenido es un ejercicio del culto a la personalidad a partir del autoelogio del presidente, que se presenta como un político que cumple con sus promesas de campaña.

Los temas de los spots hablan de un México idílico en el que todo funciona y está bien. En eso tampoco es distinto a lo hecho por los otros gobiernos. Es la lógica propia del poder.

Como en otras ocasiones, la transmisión durante 15 días de cientos de miles de spots en la radio y televisión va a mejorar la imagen del presidente, cosa que antes ha sucedido con otros gobernantes.

Esto se debe a que grandes sectores de la población son muy sensibles al impacto de la publicidad. Y más si ésta es masiva y sistemática, como son los spots de los informes.

En esa construcción ideal se abordan temas marginales como que no se utiliza el avión presidencial y se habla del éxito de los programas sociales de los que hay dudas razonables de que estén funcionando.

No hay referencia a temas sustanciales, como que la economía no crece, aumenta el desempleo y la informalidad y se reduce la inversión pública y privada.

Hay un spot dedicado a la seguridad que tiene como fondo una reunión matutina donde se recibe el parte diario de la violencia en el país, pero no hay ninguna referencia a que al inicio este es el sexenio más violento de los últimos 40 años ni a que el país se ha militarizado.

Lo que se propone en los spots no implica un ejercicio de transparencia y rendición de cuentas. Se trata de un ejercicio convencional de propaganda política que nada aporta a la ciudadanía.

Los spots anuncian el contenido del informe que, por lo que ahora oímos en la radio y vemos en la televisión, será la celebración del autoelogio y la presentación de un país muy ajeno a la realidad.

El presidente tuvo en sus manos la posibilidad de innovar y cambiar la forma en que por años se han elaborado los spots del informe presidencial, para convertirlos en un verdadero ejercicio de transparencia y rendición de cuentas.

En cambio, lo que vemos es que se ha radicalizado el tono propagandístico y que como nunca antes hay un explícito culto a la personalidad que el propio presidente hace de sí mismo.

Rubén Aguilar

Asesor Político

Convicciones

Licenciado en filosofía, maestro en sociología y doctor en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana (Campus Santa Fe, México). Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). De 1966 a 1979 estuvo en la Compañía de Jesús.