Posiblemente, quienes leyeron la columna de hace 15 días y valientemente se lanzaron a crear un espacio de posibilidades, habrán dicho Vanessa nos cuenteó, crear un espacio de posibilidades no tiene nada de fácil y en efecto: fácil, fácil no es, pero de quedarte esperando la muerte súbita en conversaciones con nulas o mínimas posibilidades y acuerdos a arriesgarte -como la princesa amanecer o el capitán cavernícola- y lanzarte a tomar acción para lograr tus objetivos, creo que la segunda opción es mejor ¿no crees?

¿En qué radica la complejidad? En que cuando escuchamos y hablamos, lo hacemos de forma multidimensional, es decir, que cada palabra genera en nosotros:

  1. una reacción neuroquímica en nuestro cuerpo;
  2. un sentimiento, que en muchas ocasiones no sabemos ni cómo llamarlo;
  3. un proceso mental, en el cual nuestros cinco cerebros se ponen en marcha, según nuestra capacidad para elegir con cuál ejecutaremos
  4. una reacción o una acción como respuesta a las palabras que nosotros mismos decimos o bien, las que nos dicen nuestros interlocutores.

Pero espera .. ¡no te desanimes! falta que te diga los matices: al escuchar una palabra o frase, nuestra mente en tan sólo .07 segundos la relaciona con una etiqueta , idea, juicio, recuerdo o paradigma. ¿Quieres confirmarlo? Deja una alarma programada con el tiempo que decidas darte permiso de volverte explorador de tu propio mundo -puedes hacerlo en tan sólo 3 minutos-. Cierra los ojos y respira profundamente, manteniendo tu atención en las sensaciones físicas en cada inhalación y cada exhalación que hagas. Puedes colocar las manos sobre el estómago, para que percibas mejor el movimiento de tu cuerpo. Cuando suene la alarma, piensa sólo en una de estas palabras: cascada, café, risas, ayuda, avalancha o coraje.

Espero que lo hayas disfrutado y hayas entrado en consciencia de esta multidimensionalidad de efectos del lenguaje en nuestro cuerpo. Ahora imagina, cómo será la energía neurológica cuando en el espacio de una conversación, estás tú con tus súper poderes mentales y frente a ti está otro ser humano, también con los suyos.

Y todavía hay más .. cada 15 segundos, tu mente deja la conversación que estás teniendo con tu interlocutor y va a tu archivo de datos, recuerdos, significados, etc . para interpretar y asignarle un valor a la misma.

La buena noticia es que con la práctica de la inteligencia conversacional, lograrás ampliar tu visión del mundo, integrando a tus marcos mentales las ideas, necesidades y deseos de quienes te rodean y comprender e interactuar con ellos de forma más eficiente, creando espacios de confianza y conversaciones que transformen e impacten de forma positiva su realidad común.

Entonces, dentro de este inmenso laberinto neuronal, ¿por dónde empezamos? Esto sí es fácil de verdad... observando, reconociendo y escuchando para conectar contigo mismo y con los demás. En un primer nivel: conectar con lo que escuchamos -incluso a un nivel muy básico- los sonidos de la naturaleza o hasta la vida de la inmensa ciudad. Por ejemplo, ¿te has dado cuenta qué produce química y físicamente en tu cuerpo y en tu mente el claxon de los coches? Reconoce los efectos neuroquímicos de los sonidos a tu alrededor.

En un segundo nivel, conectar con lo que tú dices de ti misma y de las cosas a tu alrededor. Porque no quiero asustarte, pero cada palabra, juicio, afirmación, petición o pregunta, en la que pones atención y la repites casi inconscientemente, hace que las neuronas se relacionen entre sí, formando patrones neurológicos que se convierten en creencias, que a su vez se convierten en tu forma de pensar, en tu visión del mundo y el mundo no es lo que es, sino lo que nosotros decimos que es. Así que, si no te gusta lo que ves, podrías preguntarte qué dices tú de eso que ves, cómo lo dices y si estás viendo a través de creencias ya caducas o disfuncionales para ti y tu realidad actual.

En un tercer nivel, practica conectando mental y emocionalmente con tu interlocutor: escucha lo que te dice, (no lo que tú dices, de lo que te dice) sino lo que él dice, de lo que dice. Es decir, cuando creas que puede faltar claridad o pueda haber malinterpretaciones, pregunta y confirma el significado real de sus palabras. Las diferencias de los significados que damos a las palabras, no sólo es cultural o social, sino que cada persona asigna un valor a las palabras, según sus experiencias, memorias, sensaciones, etc.. Por ejemplo ¿qué cantidad de segundos, minutos, horas, o días significa rápido para ti y qué cantidad para tu jefe o asistente?

El riesgo latente es que cuando los valores de las palabras son diversos y cada quién se compromete conforme a lo que entiende , generamos resultados acorde sólo a un entendimiento individual y no de acuerdo con lo que entienden los demás. Los adverbios en general, causan muchos malentendidos, pues cada persona tiene un estándar determinado para ellos. Por ejemplo, mi estándar de una tarea de mi hijo bien hecha , dista mucho del suyo, pero generalmente sus profesores aprueban el suyo, así que yo mejor ya ni opino. O ahorita que al santo de mi esposo, le ha tomado todo el matrimonio descifrar que ahorita para mí no es en preciso momento, sino como entre 5, 8 o 15 minutos, pero a los 20 minutos ya es después .

Y en la profundidad de un cuarto nivel, escucha para conectar con la intencionalidad y significado de las frases de tu interlocutor. El otro día, intentando dormir a mi torbellino femenino de siete años, me dice: mamá es que yo necesito que estés más cerca de mi le respondí pues estoy pegada a ti, nena . Y en tono de desesperación se expresó determinantemente: ¡no mamá, no me entiendes! necesito tenerte tan cerca de mí, como si tu fueras el relleno y yo el colchón, como si tú fueras el pastel y yo el betún, así de cerca ¿Para ustedes es claro el mensaje? Yo necesito un intérprete ¿Querría decir que quería sentirme emocionalmente más cerca? Porque de verdad físicamente, ya la tenía totalmente encima de mí. Distinguir y comprender los significados de las palabras y frases de nuestros interlocutores, es como dejar de oír interferencia en una comunicación telefónica o dejar de jugar teléfono descompuesto , lo que nos permite crear conversaciones congruentes y lograr claridad y eficiencia en las mismas. Entonces . ¿qué significa para ti fácil? ¿podemos sintonizarnos en que las prácticas de hoy son fáciles o crees que he perdido la cabeza? Puede ser que sí ya la he perdido, después tantas conversaciones cotidianas, con el puberto de mi hogar, como ésta:

Él: mamá, pon atención que el agua ya está boileando

Yo: ¿boileando? ¿qué es eso?

Él (en un tono molestito ): pues que está hirviendo, mamá, hirviendo

Yo: esa no es ni siquiera una palabra en español, hablabien, niño

Feliz puente a todos Vanessa

vanessa@visionprosperis.com.mx