Seguramente no serán muchos los manifestantes que pretendan ocupar el Foro Económico Mundial. Primero, porque las calles de Davos, Suiza en estos tiempos tienen temperaturas promedio de 10 grados bajo cero.

Pero también porque es una población alpina de difícil acceso y con una vigilancia extrema que impedirá que los manifestantes que tengan el dinero para llegar hasta el país helvético puedan obstaculizar algún trabajo o reunión del encuentro.

Sí hay instalados algunos integrantes de este movimiento global denominado Occupy, literalmente, en iglús fabricados en la frontera del cordón de seguridad del paraje alpino. Pero son tan pocos que no podrían ser ellos los provocadores de Davos.

Los verdaderos alborotadores de la reunión son esa camada de líderes de organismos internacionales que hoy sienten sobre sus hombros la presión de ser vistos como los salvadores de la fiesta de excesos económicos que tan mal está terminando.

Realmente la cumbre anual del Foro Económico Mundial no es para tomar decisiones, pero sí es el encuentro de los que en su oportunidad, en sus gobiernos, en sus empresas y campos de acción toman las determinaciones que implican cambios.

Cualquier encuentro de tan alto nivel, como el que inicia mañana en Suiza, no se puede desperdiciar para tratar literalmente de salvar un sistema económico que presenta fracturas serias.

Porque es evidente que lo que está en juego no es un país con una deuda abultada o alguna otra nación con un déficit fiscal abultado. Es un efecto dominó en todo el mundo capitalista, resultante tras el fin de la guerra fría.

Habrá 2,600 participantes. No todos, pero un número importante de los asistentes es gente con poder de decisión, ya sean políticos, analistas o empresarios, pero tienen la capacidad de influir en sus respectivos ámbitos.

Como no es posible sacar documentos vinculantes de una reunión como la que inicia este miércoles, sí se puede delinear con claridad una agenda para lograr acuerdos más robustos para reuniones importantes como la del G-20 de Los Cabos, en México, en junio próximo.

Total que 11 líderes que estarán en Davos llegan con un llamado a la acción para que entre las reuniones programadas y los encuentros casuales de pasillo, que son tan comunes en esta cumbre, se atiendan las urgencias mundiales.

José Ángel Gurría, secretario de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos; Robert Zoellick, titular del Banco Mundial; Christine Lagarde, cabeza del Fondo Monetario Internacional; Pascal Lamy, titular de la Organización Mundial de Comercio, y otros representantes de alto nivel provocan a los asistentes a Davos. Es un llamado a la acción, a encontrar salida a problemas tan graves que enfrenta el mundo, como el desempleo, la crisis económica y el proteccionismo.

La verdad es que se antoja difícil que, a pesar del bloque tan importante de personajes que se ha formado para presentar este documento, se pueda provocar un gran interés entre los asistentes.

La verdad es que este tipo de encuentros están llenos de buenos discursos, muy buenas relaciones públicas, una formidable lluvia de ideas. Pero tiene la costumbre de dejar poco sustento para el ejercicio de gobierno.

Y es que los planes que se exponen en las maratónicas sesiones de Davos son regularmente muy buenos diagnósticos de los problemas de los países, las regiones y el mundo. Pero, al momento de llegar al capítulo de cómo implementar medidas que tienen que cruzar por la política y los intereses, ahí no hay tantas respuestas.

El documento de cinco puntos, por ejemplo, que presentan estos provocadores de Davos dice que hay que restaurar la confianza en las instituciones financieras, recortar los déficit sin frenar el crecimiento, enfrentar el desempleo juvenil, usar las sociedades público-privadas y todo para propiciar el crecimiento económico. Pues sí, todo bien, pero falta explicar cómo se hace para tropicalizar este recetario en cada una de las naciones con problemas económicos, que tienen sus propios demonios locales.

En fin, si con esta provocación se logra avanzar en algo más concreto para la cumbre de México, adelante. Ojalá que estos 11 influyentes líderes del mundo no se queden como los manifestantes que se están congelando en sus iglús a las afueras del poblado alpino: frío y viendo a lo lejos la fiesta anual de los ricos de Davos.