La reciente ratificación del T-MEC —USMCA— por parte de EU garantiza la oportunidad para que México se mantenga como socio del área comercial más grande del mundo y una de las dos que, en los próximos 50 años, estarán dominando el comercio y la tecnología del planeta. Con esta actualización del tratado comercial con características sociales y el considerable esfuerzo que, por parte de nuestro país, realizó el presidente Andrés Manuel López Obrador por remover los obstáculos en la negociación, tomar las decisiones adecuadas y hacer todo el esfuerzo para lograr la ratificación aquí, en EU y pronto en Canadá, se comienza a conformar el proyecto económico de la Cuarta Transformación que encabeza. En efecto, a la estricta política económica de absoluta responsabilidad fiscal se le ha sumado el impulso al libre comercio de Norteamérica, en donde estamos llamados a dejar de ser la gran maquila de región para transformar a nuestra economía en una basada en la tecnología y en una vocación más incluyente de todas las zonas del país.

Se ha pensado que este gobierno ha tenido importantes propuestas en los ámbitos social y político, pero que, en materia económica, no hay planteamientos claros. A la luz de la corrupción del gobierno pasado, surge la potente propuesta del presidente de transformar al gobierno federal en un ente no corrupto, así como para destinar la mayoría de los esfuerzos públicos a los estados del sur y a la gente que más lo necesita. Ahora, asistimos a la formación de una propuesta económica que parte de mantener la estabilidad macroeconómica respetando la autonomía tanto del Banco de México como del Inegi y conduciendo directamente por parte del presidente una política fiscal que mantenga el balance entre los ingresos, el gasto y la deuda pública.

Los dos gobiernos anteriores llevaron la deuda de 5 a 10 billones; es decir, duplicaron la deuda histórica en tan sólo 12 años llevándola riesgosamente a niveles muy cercanos a 50% del PIB y sólo bajándola un poco en los últimos dos años. En cambio, el presidente López Obrador ha expresado claramente que no aumentará la deuda y menos a los niveles que lo hicieron irresponsablemente sus dos antecesores; ello lo ha demostrado completamente en su primer año de gobierno y todo indica que seguirá por ese camino. En este sentido y, en contraste con el pasado reciente, el planteamiento económico estriba en impulsar una disciplina fiscal basada en el freno a la corrupción, austeridad, no endeudamiento y demostrar a la ciudadanía el uso honrado de los recursos públicos antes de solicitarle más dinero a través de una reforma tributaria.

Así pues, el gobierno del presidente López Obrador podrá desarrollar su legado económico basado en los pilares de la disciplina fiscal y monetaria, el freno a la corrupción y el libre comercio para así derivar en la corrección de mercados fundamentales para el desarrollo como: el energético, con una apertura ordenada; el de telecomunicaciones y financiero, con una orientación más incluyente y económica, y un mercado interno más eficiente encabezado por el gasto público con pleno ejercicio ético. En adelante, debemos esperar de su gobierno más propuestas como la economía digital y el fomento económico.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaria de Hacienda, la presidencia de la República y en Washington, DC. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas