Cuando se habla de la llegada de nuevas tecnologías de telecomunicaciones, casi siempre el dialogo se limita a los mismos grandes actores localizados en los principales centros urbanos del país. De esta manera, el discurso que se va construyendo queda amoldado a esas pocas empresas que enfocan su servicio a regiones donde la densidad poblacional y el poder adquisitivo se juntan para responder “sí” o “no” a la pregunta centrada en la viabilidad de un retorno de inversión dentro de un periodo de tiempo razonable. Nótese que el concepto razonable cae preso de la subjetividad del prestador de servicios de turno.

Una vez que se supera este primer dialogo y se comienza la plática acerca de cómo conectar a las localidades que no han sido incluidas en los planes de desarrollo de los operadores tradicionales, el foco siempre recae en lo que estará planeando el sector público. Esto sucede independientemente de las obligaciones inversión o despliegue de infraestructura por una u otra concesión que haya obtenido del gobierno.

Lo interesante de esta dicotomía es que consciente o inconscientemente omite la presencia de cientos de operadores pequeños que cuentan con una cartera de clientes medida en decenas de personas. Así como está la tienda de abarrotes para cubrir una necesidad, también están estos pequeños operadores presentes en comunidades donde también residen las personas responsables por los servicios provistos. Esto último no es dato menor, porque si luego de una larga semana de trabajo llega el viernes y te da por descansar pero se cae el Internet a las dos de la madrugada, pues a esa hora tus vecinos/clientes te tocarán a la puerta para que arregles el problema.

A pesar de su gran número como operadores, su pequeña base de clientes los hace prácticamente invisibles al mundo mediático de las telecomunicaciones. La consecuencia es que muchas veces, cuando los expertos de la industria se reúnen a buscar soluciones a los problemas existentes, los pequeños operadores son ignorados. Esto implica que muchas veces se buscan soluciones a problemas que podrían ser atendidos por un proveedor local cercano al área en discusión, sobre todo si las tecnologías a ser contempladas son inalámbricas, con la capacidad de dar servicios fijos a velocidades que superen 100 Mbps. El olvido que sufren los operadores pequeños de México no es exclusivo, pues alrededor de América Latina los ejemplos de pequeñas empresas regionales que no pueden insertarse de forma plena en la memoria colectiva de la industria son numerosos. Tal vez en este sentido sean las cooperativas de Argentina las que mayor ruido mediático hayan logrado en las pasadas dos décadas.

Aunque existen muchísimas diferencias entre los operadores chicos de Argentina y los de México, hay algo que le queda bastante claro a ambos grupos, el futuro pasa por dar todo tipo de servicios de contenidos bajo una plataforma inalámbrica al mercado minorista. Las variaciones dependerán de la infraestructura que le es disponible a cada uno y cómo deseen de complementar su modelo, con fibra, microonda, cobre o satélite.

El mundo de las telecomunicaciones está atravesando una etapa donde el acceso a contenido y su desarrollo para atender necesidades locales es cada vez más importante. Este es un desafío que deben enfrentar los operadores de todos los tamaños a través de alianzas, conocimiento de su mercado objetivo y mucha atención a sus finanzas.

Es por esta razón que cualquier mercado se beneficiaría muchísimo si se comienza a incorporar a los pequeños operadores en las discusiones sobre expansión de cobertura. Asimismo, estos deberían cooperar más a nivel regional, para aprender de distintas experiencias. Si ya alguno que otro pequeño operador brasileño se ha dedicado a ofrecer servicio fijo inalámbrico de banda ancha donde antes no había alternativa de conectividad, lo que se sugiere no es un imposible.

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.