Por estos días la Agencia Federal de Aviación (AFAC) le mete segunda a la Auditoría de Seguridad de la Agencia Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) para hacerle frente a los poco más de 20 hallazgos de la primera parte de ésta, con lo que se decidirá si México vuelve a ser incluido en la Categoría 2, o sea: estar “congelado” hasta nuevo aviso, o bien, si existe una negociación a nivel embajadas para sortear la crisis.

Los hallazgos se dividen en cuatro áreas: reglamentaciones, es decir, si existen en la Ley, sus reglamentos o Normas Oficiales Mexicanas (NOM) las disposiciones que tanto la DGAC en su momento, como la AFAC ahora, han dispuesto para cumplir con los estándares que la Organización de Aviación Civil (OACI, de la cual México es signatario), incluye en el Convenio de Chicago y sus anexos. Para nadie en el sector es secreto que durante años se prefirió “legislar” (si así se puede decir) a través de circulares, que pasar por el largo y sinuoso camino de llevar a leyes las disposiciones o al menos de “elevarlas” al proceso de reglamentos o NOM’s, ya que la Comisión de Mejora Regulatoria (así le dicen) solía hacer un calvario de estos procedimientos.

Esto implica que no haya consulta obligatoria a los gremios para asuntos que son fundamentales, porque la circular no lo requiere y las NOM sí. De tal modo es la cosa que hoy se ha encontrado que es urgente modernizar y estandarizar el marco normativo para que el sector esté el día con lo que estipula OACI. Hay rubros, como las licencias y las revisiones médicas, donde la AFAC no está facultada para eximir del cumplimiento a las tripulaciones, lo cual causó graves inconsistencias durante la pandemia. No hablemos de casos como el rediseño del espacio aéreo, donde Seneam también se brincó el proceso de consulta obligatorio.

El segundo tema es el de los inspectores. Bien sabido es que siempre falta vigilancia, pero también es urgente que los salarios de las autoridades profesionales estén acordes con los del resto de la industria, para evitar la rotación de personal, en el mejor de los casos, y de corrupción, en el peor.Un tercer rubro es la capacitación de todo el personal técnico aeronáutico que labora en la AFAC. Hay una cantidad enorme de aeronaves, talleres, centros de entrenamiento, empresas cargueras, fumigadoras y demás, cuya versatilidad hace muy complicada la vigilancia si los inspectores no están al día en cuanto a los cambios que sufre el sector frecuentemente. Un rubro mencionado fue la aeronavegabilidad, en donde no hay guías técnicas y tampoco para cerciorarse de que un operador cumpla con los requisitos del AOC.

Por último, y no menos importante, es la falta de equipo tecnológico. Es increíble que en una auditoría tenga que mencionarse la necesidad de adquirir computadoras, pero esto ocurre en las oficinas de la AFAC. Urge, entonces, que las cosas cambien. Ojalá la FAA dé un plazo al nuevo director, porque en caso contrario estaremos en problemas.

Lo oí en 123.45: Un exdirector de DGAC solía decir: “El ruido (de los aviones sobre la CDMX) es como una serpiente de mil cabezas, no hay que despertarlas todas al mismo tiempo”.

raviles0829@gmail.com