Bien. Todo indica que los 109 fideicomisos que quisieron tomar serán tomados. Falta el Senado pero los momios auguran muerte súbita y adiós tanto a las bolsas grises que desviaban recursos como a las que se usaban para financiar arte, ciencia, tecnología y saberes vitales para el presente y el futuro del país.

Discutir la viabilidad financiera y la certidumbre que pueden proporcionar estas herramientas ya no tiene caso. Los recursos serán confiscados por el gobierno federal y la pregunta hoy es ¿a dónde se irá el dinero? El secretario de Hacienda asegura orondo, primero, que se trata de una pulga en el pajar, que el gobierno casi no usa fideicomisos así que en el universo de su gasto ni se va a notar. Esa pulga simplemente llegará por otra vía, asegura Herrera. Será, como el resto, etiquetado y asignado. 

Como el resto. Ahí está el problema. Ese dinero, que es nada para el secretario pero todo para ciertos proyectos (la encuesta anual sobre flujos migratorios, por ejemplo), no tiene casa todavía. ¿Dónde está contemplada esa bolsa que, o se usará para lo mismo o en algunos casos para mejores y urgentes fines? 

Vayamos por partes. El gobierno hace cuentas de lo que entrará a las arcas y lo pone en tres listitas: lo que pagarán los ciudadanos vía impuestos, lo que llegará por empresas del Estado (petróleo, por ejemplo) y por último, aprovechamientos (que si se vende un terreno, que si se renta el avión, se cobra la entrada para ver el penacho o se recibe un excedente del Banco de México). De los tres rubros, de por sí poco previsibles, ese es el menos previsible y por eso tiene un cajón de extras llamado “otros” que a su vez tiene un cajón extra llamado “otros”. Los otros de los otros. Es como si usted hiciera cuentas: gana 20 mil pero qué tal si por algo le llegan otros 5 mil? No sé, algo que pase. Pues para que no lo agarren de sorpresa, usted los pone en la lista. 20 mil de salario y 5 mil de otros, en el rubro de otros, en el rubro de extras. 

Ese es el primer problema que enfrenta el gobierno: poner el dinero en algún lugar de sus ingresos.

Pero he aquí que no sabe bien cuánto es. Porque los fideicomisos tienen recursos tanto federales como de organismos internacionales, agentes privados y pesitos de los gobiernos locales. 

Como no se sabe cuánto es, hay tres opciones. Primero, hacer como que no existe. Total, para el Colegio de la Frontera es mucho, pero para Herrera un pelo. Como no hay monto claro, ni se ha aprobado la extinción de fideicomisos en el senado y el paquete presupuestal debe aprobarse en cosa de tres semanas más, pues puede ignorarse. Que llegue lo que aparezca de lo perdido y nadie supo, nadie sabrá. 

Segundo. Que se modifique la estructura programática presupuestal para incluir lo que sí se sabe que había, que es lo que ponía el gobierno federal. Por lo menos lo que pondría para el 2021, y que en menos de dos semanas se establezcan las reglas de operación para la extinción y la aplicación de los recursos. Escenario ultra optimista nunca antes visto pero, oigan, tampoco le creían a Cristóbal Colón.

Tercero. La vía práctica, la menos escandalosa y la más viable: estimar a ojo de buen cubero un dinero en los otros de los otros y pedir a todos que confíen en que el dinero que era mal usado estará ahora bautizado y que el que era bien usado pues que se pida y ahí está Herrera. 

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.