Qué pasaría si un día la Junta de Gobierno del Banco de México decidiera elevar la tasa de interés, porque considera que hay presiones inflacionarias que atender.

Pero, tras esa decisión, en la conferencia mañanera el presidente Andrés Manuel López Obrador declarara que él lo ve diferente, que lo mejor es que Banxico mantenga las tasas bajas para que se recupere más rápido la economía.

Hasta ahí, sería una muy sana diferencia en los puntos de vista entre el poder Ejecutivo y el autónomo banco central. De hecho, eso ya ocurrió entre el presidente Felipe Calderón y el Banxico de Guillermo Ortiz Martínez. El Ejecutivo tuvo que apechugar las medidas restrictivas del banco central.

Pero en ese mismo escenario hipotético, ¿qué pasaría si, tras la declaración de López Obrador saliera el Banco de México a declarar que, mejor van a revisar su decisión de política monetaria porque quizá sí sea mejor mantener las tasas bajas? Sería el caos financiero garantizado.

Mismo caso si tras el reporte del Inegi de una caída del Producto Interno Bruto durante el 2020 de -8.5%, con la confirmación de dos años en recesión, el presidente López Obrador dijera que, con sus otros datos, él realmente ve un crecimiento y entonces este instituto saliera a decir que van a contar mejor, porque seguro se equivocaron y no hay tal recesión. También, el apocalipsis en los mercados.

Hay datos que no deben gustar nada a un Presidente que imagina que todo va requetebién. A un régimen como el de la 4T que todo lo asume como personal y como parte de una lucha de clases, un enfrentamiento constante entre ellos y los adversarios.

Pero, tanto el Banco de México, como casi siempre el Inegi, han mostrado el valor de la autonomía como uno de los grandes pilares institucionales del país.

La Auditoría Superior de la Federación (ASF) se presenta como un órgano técnico especializado de la Cámara de Diputados, autónomo en su gestión, que fiscaliza el uso de los recursos públicos.

Pero ayer mostró que no, que hay una línea de mando y que si el Presidente dice que tiene otros datos, que están mal sus auditorías y que “informen bien”, lo hacen. Cambian lo que no cuadre en Palacio Nacional.

La manera como reculó la ASF acaba por afectar la credibilidad de ese organismo, que hasta antes de este episodio gozaba de una credibilidad total. Cuando esta auditoría señalaba cualquier irregularidad de cualquier año de los sexenios pasados, en automático se asumía como un hecho de corrupción detectado y denunciado, sin más margen para la aclaración y los 30 días para el derecho de réplica.

Hoy no, la Auditoría Superior de la Federación se ve tan alineada como la mayoría de la Cámara de Diputados que está al servicio del Presidente y por lo tanto dispuesta a meter en cintura a este órgano de control.

La celeridad para retractarse es lo que confirma la sospecha, independientemente de que el poder Ejecutivo pudo haber aclarado, en el tiempo pertinente, todas las cuentas sobre la cancelación de la construcción del aeropuerto de Texcoco. La misma reacción de la 4T es una confesión de parte.

enrique.campos@eleconomista.mx

Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.

Lee más de este autor