Los maestros y con ellos toda la comunidad escolar se agregan a los servidores de la salud que siguen exponiéndose y multiplicándose para salvar vidas. La mayoría de los educadores se está esforzando, busca herramientas, recursos, crea personajes, en fin, está tratando de llegar a sus alumnos de la mejor manera. Sabe que no será fácil la enseñanza a distancia, debido a que hay demasiados obstáculos, limitaciones y ruidos en la comunicación.

El gobierno de López Obrador siguió escatimando recursos a la sociedad. Hubo tiempo suficiente para ampliar la red de internet de banda ancha a través de las instalaciones de la CFE, con acuerdos con las empresas para que ampliaran la cobertura de internet en pequeñas y medianas localidades y que la televisión fuera una alternativa más y no el eje de la comunicación.

Lo anterior pudo ir acompañado de una campaña de entrega de tabletas o computadoras portátiles, lo cual se pudo lograr si se hubieran modificado programas como Jóvenes construyendo el futuro o las universidades Benito Juárez. Tiempo hubo, desde febrero sabíamos que el Covid-19 era una pandemia y por lo menos desde abril que existía el riesgo de que el cierre del curso 2019-20 y la apertura del siguiente sería virtual o híbrido.

La SEP contrató a la televisión abierta y la radio para difundir las clases en los primeros meses del ciclo escolar, para ello destinaron un presupuesto cercano a los 500 millones de pesos, para pagar a las cuatro televisoras y a las productoras. Además, incurrió en errores y omisiones que seguramente traerán más problemas a los maestros: no hubo una campaña de orientación para la correcta sintonización, el mismo día del inicio del curso explicaron los pasos para bajar los canales, aunque se les pasó informar que era necesaria una antena, los horarios dejan mucho que desear, por ejemplo, las clases de preescolar a las 8 de la mañana o 3:30 de la tarde. A ver cuántos niños de menos de 6 años se levantan a las 7 y sus padres puedan atenderlos en horas del desayuno, la salida al trabajo o la hora de comer.

Las televisoras destinaron canales que nadie ve, debieron transmitir por sus señales principales en horario A y AA, desde luego, cobrando más. Las clases por radio serán inútiles para los niños de la era digital y que se transmitan en diversas lenguas puro alarde, aunque las quieran presentar como inclusión, la educación básica no va por ahí, algún día lo van a descubrir.

Sé de maestros que han diseñado su avatar para que sus alumnos los sientan más cercanos, han desarrollado comunidades virtuales, chats, cadena de correos y más. Lamentablemente también se han encontrado con un elemento que no les ayuda, el desinterés o la ausencia de los padres de familia que dejan a los niños frente a la tele como si fuera la nana sin la menor supervisión, ni hacen contacto con los profesores.

La comunidad educativa sabe que existe el riesgo de una catástrofe generacional, como lo vaticinó la ONU, que arrastrará a alumnos y maestros. La gran mayoría está haciendo esfuerzos encomiables. ojalá que en el curso Esteban Moctezuma no se convierta en el López-Gatell de la pandemia y lleve la educación al desastre.

Al margen

A propósito de la pandemia una pregunta: ¿la obediencia del general secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, y el almirante secretario de Marina, José Rafael Ojeda, los obliga a imitar a su comandante en jefe y por eso aparecen en público sin cubrebocas? ¿No se darán cuenta de que los tres son motivo de imitación?

Juan María Naveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.

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