(Última de dos partes)

La educación financiera se aprende principalmente con el ejemplo de los padres. Se predica con el ejemplo, siempre de manera congruente. No se puede enseñar una cosa, pero actuar de manera distinta. Simplemente no funciona.

En la primera parte ofrecimos algunos consejos para introducir ciertos conceptos en casa, como el hábito del ahorro, el valor del trabajo o la importancia de invertir el dinero para objetivos de largo plazo. Pero también hay que reforzarles ciertos conceptos, entre ellos:

1. Las deudas no son una opción para metas de corto plazo. Esto quizá sea difícil porque en México muchísimas familias de clase media están sumamente endeudadas con tarjetas de crédito. Parte del ingreso familiar se va en pagar aquellas cosas que ya se disfrutaron. Es importante empezar a darle la vuelta a eso, pero además compartirlo con los hijos, que ellos se den cuenta de lo que implica. Si no se puede ahorrar, planear hacia delante, es porque seguimos pagando lo que consumimos en el pasado. Y que es difícil enderezar el camino. Pero se puede.

2. El presupuesto es asignarle, a cada peso que ganamos, un trabajo. Si no tomamos el control de nuestro dinero, él nos va a terminar controlando. Nosotros somos los que damos las órdenes: le decimos a nuestro dinero qué hacer a cada peso que ganamos. Porque si no tiene un trabajo asignado, hará lo que se le da la gana y se irá sin que sepamos en qué. Es importante que tomemos en cuenta aquellos gastos que no ocurren cada mes, pero que sabemos que vendrán. Como los servicios de mantenimiento del coche, por ejemplo. De esta manera, cuando se presenten, habrá dinero destinado para ello y no desequilibrarán el presupuesto familiar.

3. La vida cambia, los planes también. Un error que cometen muchas familias y la razón por la que uno siente que los presupuestos nunca se pueden seguir, es que piensan que están escritos en piedra. La verdad es que los planes —un presupuesto— se puede cambiar sobre la marcha. Por ejemplo, si presupuestamos 500 pesos para el recibo de la luz y llega por 700, de todas maneras lo vamos a tener que pagar. La clave está entonces en ver de dónde saldrán esos 200 pesos adicionales (qué otros gastos podemos reducir) para que al final estemos bien. Estamos cambiando el trabajo que habíamos asignado a parte de nuestro dinero.

4. Se ahorra para lograr alguna meta importante, y nos pagamos primero a nosotros mismos. El ahorro es simplemente uno de los muchos trabajos que podemos asignarle a nuestro dinero. No es lo que sobra. Al contrario: ahorramos porque queremos alcanzar una meta que es importante para nosotros. Que es una prioridad para la familia.

5. Los gastos pequeños se hacen grandes. Uno puede gastar 50 pesos en un café y una dona cada día y tener cierta satisfacción. Esto equivale a 1,500 pesos al mes, que ya no es tan poquito para muchas personas. Aquí todo depende de nuestro nivel de ingreso y de lo que podamos —o no— permitirnos. No se trata simplemente de no gastar, sino de hacerlo en lo que es más importante para nosotros, con el dinero que ganamos. Los gastos que parecen insignificantes se acumulan y pueden eventualmente ser la causa por la que no nos alcanza el dinero que ingresamos.

6. No hay inversión sin riesgo, pero éste se puede controlar. En México no hay cultura de inversión, sino de ahorro. Por eso mucha gente quiere guardar su dinero en algo “que no tenga riesgo”, pero a cambio acepta rendimientos inferiores a la inflación, lo que equivale a perder poder adquisitivo de manera segura. Nuestros hijos deben entender que cuando se invierte con un horizonte de inversión de largo plazo, tenemos que buscar la manera de que este dinero crezca realmente. Si ponemos un negocio, estamos corriendo riesgos. Si compramos acciones de empresas grandes, líderes en el mundo, también, aunque es un tanto menor. La buena noticia es que el riesgo se puede controlar a través de la diversificación.

7. La protección del patrimonio es importante. Hay que hablarles de seguros y de las pólizas que tiene la familia. Por ejemplo: ¿qué pasaría si alguno de ellos se enferma, o si alguien se roba el coche? La cultura de previsión, que también nos hace mucha falta, es fundamental.

8. El dinero no da felicidad, pero ayuda. Aunque no nos guste aceptarlo, el dinero es importante para lograr algunas de las cosas que queremos hacer en la vida. Por otro lado, la falta de dinero genera mucho estrés en las personas y en ocasiones, en las familias. Es importante entenderlo y valorarlo en su justa dimensión. Tener dinero simplemente por tenerlo, tampoco sirve de nada.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com