Acabo de releer Casa Tomada de Julio Cortázar. Es uno de los cuentos del autor que más se ha comentado y analizado. Narra la historia de dos hermanos solterones que viven en una vieja casa. Se dedican: él, a leer literatura francesa; ella, a tejer y ambos a cuidar su hogar. Un día, escuchan unos extraños ruidos en una de las habitaciones y la clausuran. Al otro día, siguen con su vida, pero poco a poco la casa va siendo tomada por algo que nunca se menciona. Ese algo es oscuro, extraño, ominoso. Al final, son obligados a dejar su casa sin nada más que lo que llevan puesto. 

No recuerdo donde leí o me contaron que este cuento estuvo prohibido por alguna dictadura (¿Pinochet en Chile o los militares en Argentina?), pero es imposible no relacionar este cuento fantástico, publicado en 1947 por Borges, con la toma de un país, la pérdida de libertades y el exilio. Supongo que el cuento se hizo pensando en Perón y su populismo, pero la anécdota es aplicable a muchas situaciones. 

Casi todo envejece (personas, libros, películas, etc.), algunas cosas con dignidad, otras se vuelven patéticas. Casa Tomada no ha envejecido, se mantiene fresco y oportuno. Nos sigue diciendo cosas. Por ejemplo, nos dice que México es una casa tomada en proceso. Hemos perdido partes de la mansión en la que habitamos poco más de 126 millones de personas. Hoy, pocos resisten y los más se tratan de adaptar, como los hermanos del cuento de Cortázar, como si no pasara nada. Craso error.

Pero hay otras cosas que han envejecido. Hace poco vi capítulos de la serie Hechizada que me gustaba de niño. Hoy, el machismo rampante de Darrin Stephens me resulta insoportable. Veo Friends y la noto envejecida, aunque con más dignidad. 

Pero esto no sólo pasa en la fantasía que es la televisión y el cine. Hay proyectos políticos que de tanto madurar nacieron podridos, por ejemplo, el de la 4T. De frutos podridos sólo pueden surgir malos olores. Así, el rey de los montajes exhibe en la mañanera el desaseado montaje de Loret y Televisa en el caso Cassez. Pero supongo que él sabrá reconocer un montaje por la experiencia acumulada: el del fraude de 2006, el de su presidencia “legitima”, el de la consulta del aeropuerto de Texcoco y el de cada mañana en su conferencia. La mañanera es una mala obra de teatro donde la mayoría de los asistentes están sembrados para aplaudir y perseguir enemigos, que no adversarios. 

Debo reconocer que, con abnegación, veo todos los días las mañaneras. Espero que en otra vida se me recompense este martirio, pero mientras debo señalar que tras escuchar las más de dos horas (en promedio) de cada conferencia circular (por aquello de que siempre repite temas y frases), todo lo que se dice se puede resumir en dos párrafos y, cuando se dan datos, tres o cuatro cuadros bien hechos. No hay más.  Es un bla-bla vacío de información, pero rico en acusaciones y descalificaciones, que es de donde se nutren los Salgado Macedonio. 

Hace rato que López Obrador se ha quedado sin buenos temas que informar. Sus finanzas “incorruptibles” andan mal y casi todos sus proyectos, programas y planes huelen como los frutos de los que hablamos antes. Por si fuera poco, las limitaciones que le ha puesto el Tribunal Electoral por la veda le han quitado la posibilidad de hablar de logros (que hay pocos) y sus conferencias se han vuelto todavía más áridas y mentirosas.

Se dice que el presidente López está preocupado y de mal humor porque tal parece que no logrará la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y algunas gubernaturas ya no están tan seguras como antes. Por supuesto, todos los columnistas que afirman esto dicen que su información procede de fuentes “cercanas”, “confiables”, de “adentro”. 

Pero ¿en serio le preocupa al gobierno de un solo hombre esta situación? En el pasado, cuando fue Jefe de Gobierno, hizo lo que quiso a pesar de una Asamblea (2000-2003) en la que no tenía mayoría, un Congreso de la Unión en contra y una presidencia que lo atacaba. Hay que tener claro que lograr un mejor equilibrio en la Cámara de Diputados es un buen paso, pero no hay que hacerse muchas ilusiones de que esto puede frenar la toma de nuestra casa. Se necesitan otras acciones.

Lo más curioso es que nuestra casa ya estaba tomada antes del 2018 por la corrupción, los negocios ventajosos y el crimen organizado. Cambiamos de monstruo, pero las habitaciones siguen ocupadas. “La vida, ¿Cuándo fue de veras nuestra?”

Por el momento, ojalá resistan el INE y las mujeres, todas ellas, al avance de un proyecto autoritario que nació muerto.