No se trata de llenar de inspectores todos los territorios mineros del país. El mal de ese sector es idéntico al demonio de todas las demás actividades económicas del país: la impunidad.

La nueva tragedia en la mina de carbón de Sabinas, Coahuila, muestra la combinación de una larga lista de irregularidades, las cuales demuestran que la constante es la falta de respeto, no sólo a las leyes sino al sentido común.

Por más patético que resulte escuchar a Napoleón Gómez Urrutia hablar desde su refugio canadiense, hay que atender su señalamiento de que más que minas son pocitos ilegales y que podrían ser más de 10,000.

Si hay delincuentes que se encuentran una mina de gasolina simplemente perforando un tubo de Petróleos Mexicanos, por qué no pensar que empresas sin escrúpulos podrían cavar un hoyo en la tierra, meter decenas de trabajadores, hombres o niños sin dispositivos de protección ni prestaciones o permisos.

Veamos el caso del robo a Pemex. Tan sólo durante el primer trimestre del año se identificaron 264 tomas clandestinas de combustible. En ellas, el volumen de combustible robado aumentó 163 por ciento.

Son varios años desde que los gobiernos municipal, estatal y federal lanzaron el tradicional ¡ya basta! Y nada. No puede ser que ante la mirada de todo el mundo vayan y vengan pipas y tráileres necesarios para transportar el combustible robado y nadie se dé cuenta.

Son 773,000 barriles robados de combustibles que no se esfuman. Y San Martín Texmelucan, Puebla, es una muestra de que tanta impunidad causa muertos.

Es más, hay zonas petroleras en Tamaulipas que no se niega que estén controladas por el crimen organizado.

Este pocito carbonífero en Coahuila que ahora enluta a muchas familias es una muestra más de esa impunidad nacional. Tan impune como la comida callejera e insalubre que deja cientos de miles de enfermos de salmonela al año. O como cualquier mercado negro que implica pérdidas de vidas todos los días.

Y otra vez, ¿cuál es la solución de la clase política mexicana ante tantas evidencias? La respuesta, otra vez, es partidista.

Hay quien quiere ver un pleito que no existe entre las secretarías de Economía y del Trabajo. Otros ven el momento ideal de revivir movimientos basados en el dolor de la gente, como los deudos de Pasta de Conchos, pero desvirtuados en plataformas de lanzamiento de intereses mezquinos.

Al Congreso, sin prisa que tenemos, debería de afectarle este incidente para que se muevan hacia una regulación más estricta del funcionamiento de las minas. Algo más allá del minuto de silencio que hoy obsequiaron a los familiares de los muertos.

Las secretarías del Trabajo y Economía deberían propiciar que, a raíz de este enésimo episodio de tragedia, le siga un castigo ejemplar a los que abusaron del trabajo infantil, mal remunerado y desprotegido de estos pobres hombres.

Y todos los que hoy se movilizan y se organizan para protestar en contra del gobierno, deberían de movilizarse y protestar en contra de las condiciones de trabajo de sus familiares, de ellos mismos.

Porque no hay mejor inspector para determinar si el trabajo es una trampa de muerte que el mismo trabajador.

Hasta los ministros de culto ayudarían más mostrando la paja en el ojo ajeno , pero a tiempo, no lanzando sermones de pobreza y miseria cuando la tragedia ya ocurrió en el pocito.

La revolución en las minas debe ser coordinada. Municipios y estados supervisando la seguridad de sus habitantes. El gobierno federal controlando a quien le dan concesiones y cómo tratan a los trabajadores. El Congreso legislando apropiadamente. Y los trabajadores denunciando las trampas en los que los malos empresarios los quieren meter a cambio de unos pesos.

La primera piedra

Hay un gran ganador del fuerte incremento en los precios de los energéticos. Es un hecho que en México y en Estados Unidos muchas personas han dejado de usar sus autos ante los incrementos en los precios de las gasolinas.

En México el consumo de gasolinas cayó 6% durante el primer trimestre del año por los altos precios y en Estados Unidos hace una semana se consumían 9.14 millones de barriles de gasolina y ahora solamente 8.94 millones. Ante tantas pérdidas, los grandes ganadores, al menos en el país del norte, son las ventas por Internet. Con la novedad de que las ventas on line aumentaron 19.2% durante el primer trimestre comparado con el mismo lapso del año pasado. Esto porque la gente ya no quiere manejar al mall, quieren comprar pero no gastar combustible. Así que la alternativa digital ha ganado muchos adeptos.