Los mercados odian la incertidumbre. Desde inicios de mayo, cambió la tendencia de corto plazo de los mercados de capital; el índice S&P 500 registra un descenso de 6.2%; el DAX alemán cae 4.6% en dólares y en México el índice de la Bolsa baja 8.1% en esa divisa. Al mismo tiempo, continúa el rally de los bonos del Tesoro estadounidense, apoyado en la liquidación de los activos de riesgo. El rendimiento del bono de 10 años cayó a 2.96%, 0.76% menos que en febrero, a pesar de que continúan empantanadas las negociaciones para elevar el tope de la deuda y Standard and Poor’s (S&P) y Moody’s advierten sobre una posible reducción de calificación de crédito. El miedo ha regresado a Wall Street. Hay temor de que ocurra una nueva recesión.

Estos miedos se reforzaron la semana pasada con la publicación de los indicadores del sector manufacturero, precios de la vivienda y de empleo de EU en mayo. En todos los casos los resultados fueron peores a lo previsto.

Destaca el caso del indicador ISM manufacturero, que se desplomó a 53.5 puntos, 6.9 menos, el mayor retroceso desde 1984. El índice S&P-Case-Shiller, de precios de la vivienda, siguió cayendo. Finalmente, en mayo se crearon sólo 48,000 empleos contra una expectativa de no menos de 178,000 y la tasa de desempleo trepó a 9.1%, la más elevada desde diciembre. El riesgo de que Obama pierda la reelección el próximo año está aumentando, ya que en EU desde los 70 nunca se ha reelegido a un Presidente cuando la tasa de desempleo es mayor a 7.1 por ciento.

¿Qué paso? Hay varias explicaciones. De un lado, los problemas logísticos creados por el terremoto y tsunami de Japón que seguramente han impactado negativamente el desempeño global de sector manufacturero, especialmente el automotriz. En esta dirección apunta la información anecdótica en el Beige Book de la Fed, publicado ayer. Otro factor son los elevados precios de las mercancías básicas, especialmente petróleo/gasolina. Estos incrementos de precios son equivalentes a nuevos impuestos sobre los consumidores que reducen su ingreso disponible. Se calcula que sólo los incrementos en los precios de gasolina cancelaron los efectos positivos de la reducción de impuesto a la nómina que se incluye en el paquete de estímulos fiscales de este año. A eso deben agregarse los incrementos de precios de alimentos y de metales básicos. Otro factor es la consolidación de las finanzas de gobiernos estatales y locales que siguen reduciendo gastos e incrementando impuestos. El gasto federal de Defensa ha resultado débil en el primer semestre. Algunos de estos factores son transitorios y seguramente se revertirán en el segundo trimestre.

Todas estas son explicaciones plausibles pero no suficientes. En el fondo, el problema es que la economía estadounidense, igual que otras desarrolladas, sigue mostrando un déficit crónico de demanda efectiva, legado de la crisis financiera. En estas circunstancias apenas llamarían la atención, pero ahora se vuelven importantes. ¿Que hará la Fed? Por el momento nada, es mi lectura del discurso de ayer de Ben Bernanke. El programa de relajamiento cuantitativo QE2 termina a fines de este mes. La Fed entrará en una fase de espera, la tasa de política y el tamaño de la hoja de balance se mantendrán sin cambio a la espera de información en el segundo semestre. Otro factor es la situación de las finanzas públicas a nivel estatal. Los estados y gobiernos locales continúan reduciendo gasto e incrementando impuestos. En el caso de EU, se calcula que sólo el incremento de precios de la gasolina canceló el efecto positivo de la reducción de impuesto de nómina, que es parte del paquete de estimulación fiscal de este año.

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