A pesar de haber cerrado con una ligera ganancia la semana pasada, la mayoría de los mercados accionarios tuvieron un desempeño muy débil durante mayo. Para poner la debilidad en su adecuado contexto, basta decir que la caída de 7.7% del S&P 500 durante el mes representa el peor desempeño mensual desde febrero del 2009 y el peor para un mes mayo desde 1962.

La caída refleja preocupación sobre lo que está ocurriendo en Europa, el impacto incierto de una mayor regulación financiera en Estados Unidos y sobre todo, el temor a que la recuperación económica a nivel global está en riesgo.

Los indicadores económicos de las principales economías han tenido un desempeño mixto a últimas fechas, lo cual en un contexto de mayor volatilidad provocado por los problemas fiscales de varios países de la Unión Europea ha constituido un recordatorio de que no todo está perfecto .

Antes de este ajuste en los mercados, las bolsas de valores a nivel global parecían haber desarrollado una capa de teflón en la que las noticias malas simplemente se resbalaban. En términos más llanos, esta situación se puede describir simplemente como una complacencia de los inversionistas que parecían no estar dando el peso prudente a los factores de riesgo que se mantienen aún vigentes.

Hay quienes consideran que la corrección actual en los mercados ha terminado y que la tendencia de mediano plazo continuará siendo hacia arriba. Para que esto ocurra, es necesario que los inversionistas tengan mayor convicción sobre el estado de la recuperación económica a nivel global y que exista menor incertidumbre sobre el futuro de la zona euro y el entorno regulatorio para el sector financiero en EU.

Este columnista coincide en que la trayectoria de largo plazo para los mercados accionarios debe ser ascendente. Sin embargo, la volatilidad será una constante, mientras la economía global se mantenga en el estado de vulnerabilidad actual. Dicha vulnerabilidad radica en que los países industrializados mantienen niveles de apalancamiento que son insostenibles y requieren de un ajuste.

De acuerdo con cifras de David Rosenberg, la deuda total a nivel global del sector público y privado es equivalente a 362% del PIB global. El proceso de desendeudamiento que apenas comienza es lento, doloroso, complicado y con implicaciones inciertas para muchos agentes económicos.

Lo que hemos visto en los últimos dos años es sólo la transferencia de una buena parte del endeudamiento privado al sector público. El rescate del sistema financiero, la industria automotriz y otros sectores, así como el aumento descomunal del gasto público ha convertido los problemas de sobreendeudamiento del sector privado en problemas del sector público.

El sector público, en algunos casos, cuenta con la ventaja de poder hacer más suave y menos traumático el proceso de desendeudamiento. Pero para que esta ventaja realmente exista, es clave contar con la confianza de los inversionistas que son quienes hacen el financiamiento de este ajuste posible. En el momento que ésta flaquea, el ajuste tiene que hacerse de manera más rápida y traumática como es el caso de Grecia y podría serlo de otras economías europeas con una situación fiscal complicada.

La confianza es algo frágil, se pueden pasar años construyéndola, pero se puede perder en un segundo con una mala decisión o un suceso negativo. El nivel de incertidumbre en torno del desenlace de los factores que sacuden la confianza de los mercados puede bajar pero no se eliminará del todo.

Bastará tan sólo con alguna noticia negativa o la publicación de un indicador con señales de debilidad para generar un nuevo episodio de corrección en los mercados. Como inversionista, vale la pena ser paciente y mantener suficiente liquidez para aprovechar los episodios de mayor debilidad.