En aquellos días en que la Reserva Federal trabajaba horas extra para imprimir billetes que inundaban los mercados en un intento por reactivar la economía de Estados Unidos, los inversionistas buscaban los mejores rendimientos para sus dólares que no encontraban en casa.

Entonces obviaban la calidad de los mercados en el entendido de que los mejores rendimientos estaban asociados a los mayores riesgos, pero todo era mejor que el cero que se conseguía en los mercados maduros.

Pero el plan cambió, los sofisticados planes de compra de bonos se acabaron y toda esa enrome liquidez empezó a secarse. Había llegado el momento de ser más selectivo.

Peor aún, en estos tiempos de turbulencia en donde los riesgos aumentan para los mercados menos preparados y donde en medio de la tormenta a veces más vale un cero de rendimiento antes que exponerse a que los mercados castiguen los malos desempeños.

Justo estamos en ese momento en que los quisquillosos capitales empiezan a pasar factura a lo que antes obviaban. Por eso vemos que se encienden focos de alerta, lo mismo en Grecia que Rusia y próximamente Venezuela, Brasil... o México.

Lo que cuenta es quién está mas cerca del risco, de dónde hay que salir primero o bien dónde hay que ayudar a dar un empujón con un poco de fomento a la especulación.

Lo cierto es que en este mundo global una caída se convierte en efecto dominó. Por eso ahora estamos tan enterados de cómo un mal resultado electoral en Grecia puede provocar un cambio en la política de reestructura impulsado por laTroika.

Rusia está en la antesala de las noticias escandalosas con sus desequilibrios fiscales y comerciales que si bien le va, todo puede acabar en una simple recesión, pero si se alinean las calamidades puede ser un nuevo hoyo negro financiero mundial.

Y de México, este México de reformas estructurales, reservas internacionales altas e inflación controlada, empieza a ponerse la mirada en los cadáveres del clóset.

El más importante que llama la atención es la inseguridad y la falta de respeto al Estado de Derecho; esto condiciona las posibilidades de crecer de este país. Pero ahora también empiezan a pesar los crecientes desequilibrios fiscales derivados de la política laxa de este gobierno y de la baja en los precios del petróleo.

Es en estos momentos cuando cobran fuerza los análisis lanzados por firmas como Moody’s y su análisis de los pasivos ocultos en las economías latinoamericanas.

El puro nombre del estudio parece dedicado a México. Pero no, son muchos los países del sur del continente que al parecer recurren a esas dobles contabilidades que les permiten mostrar una cara de orden en sus balances, pero un caos debajo de la alfombra.

Para México hay el foco de alerta centrado en los pasivos laborales de Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad que superan 10% del Producto Interno Bruto.

Empieza a darse una diferenciación en la solidez de las finanzas de cada país y lo que antes era aceptable puede ser ahora un foco de alerta. Por eso es que México debe no solo alistar sus armas de defensa financiera, también debe mandar mensajes sobre su salud financiera.

Es ahí donde se entienden mejor las promesas presidenciales de mantener como valor nacional la salud macroeconómica del país.