No dudo que, en su guerra contra tantos enemigos, el presidente López terminará derrotado, a pesar de su brillante estrategia de combate. El mandatario suele tomar los señalamientos, críticas y ataques de la misma forma: los caricaturiza, se burla y luego hace una de dos cosas: los expone como parte de una especie de oscura maniobra o culpa al pasado. A veces hace ambas cosas. Uno por uno los desecha. El problema es que todas estas batallas exitosas dejan un sedimento que se acumula. Un mal sabor de boca que, a medida que pasa el tiempo y los asuntos, tiene un gusto agrio. 

Hay poco enemigos que hayan decidido serlo. En general, son enemigos que ha hecho por voluntad propia el señor López. En estos dos años de gobierno ha logrado hacerse de más adversarios que los que hizo en los 18 años pasados. Un logro. Ha escogido a los medios como sus enemigos. Enemigos como Televisa o bien diarios como El Universal, El Reforma, El Economista o El Financiero, entre muchos otros. 

También se ha hecho de enemigos en medios extranjeros: The New York Times, The Washington Post, The Guardian, El País, The Wall Street Journal, Financial Times, entre otros. Hay que tener en cuenta que políticos más poderosos jugaron a las contras con ellos y perdieron. Pero todos ellos, los medios nacionales y extranjeros tienen un arma poderosa: resaltar lo que está mal, descubrir las mentiras y las exageraciones de los políticos, dar los datos fiables. Tienen otra característica: son persistentes.  Mala cosa, entonces, considerarlos enemigos como lo hace el mandatario. 

También hay otros enemigos más poderosos, son más sutiles, pero son inexorables: los fracasos. Que el presidente de la República diga que hizo una consulta y que por eso demolió el proyecto del aeropuerto de Texcoco es una mala broma. La consulta fue una farsa metodológica y legalmente hablando. Ni siquiera fue un éxito político. A la gran mayoría de mexicanos le tenía sin cuidado si se suspendía o no el proyecto porque les resultaba inasible. El tema importó sólo al círculo rojo, a los empresarios, a unos pocos miles más y a los medios, ese ojo escudriñador. 

Dentro de los fracasos más graves está el de la inseguridad. Esta va en aumento, a pesar de las mentiras que a diario proclama en las mañaneras. Ya se sabe su estrategia (es un decir) de “abrazos, no balazos”, pero esta semana pasada demostró que la ha llevado al extremo. El comandante supremo de las fuerzas armadas ha dado la orden de no enfrentarse a los grupos criminales. ¿Cuál es la apuesta? Difícil saberlo, pero supongo que tiene la idea de que estos criminales tarde o temprano se darán cuenta de que no son enfrentados ni perseguidos, ajustarán cuentas entre ellos y a la postre bajará el número de homicidios cuando los territorios ya estén repartidos.

Digamos de manera piadosa que el planteamiento tiene cierta lógica. De acuerdo, pero el problema es que los cárteles tenderán a usurpar funciones de Estado (impuestos, protección, control territorial, etc.) y los ciudadanes seremos su ganado. Así de brutal. Por si fuera poco, a las autoridades norteamericanas no les gustará esta forma de actuar y presionarán más de lo que hoy lo hacen. Mientras, el actor de las mañaneras rechazará que el crimen se consolida y está mutando para peor. 

Ejemplos como el de Aguililla, poblados fronterizos entre Jalisco y Michoacán o en la Montaña Baja de Guerrero, donde un video dio cuenta de niños entre seis y once años que tomaron las armas y se integraron a la policía rural de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Pueblos Fundadores (CRAC-PF), dan cuenta del abandono del Estado en materia de seguridad. Se le preguntó al presidente en la mañanera del 15 de abril cuál era su estrategia y contestó que evitar los enfrentamientos y convencer a todos de que vivan en paz, palabras más o menos. Es decir, abandonar a su suerte a estas y otras poblaciones que están cayendo en manos criminales o se defienden como pueden.  De nuevo, los medios han sido testigos de esto y más. 

Este tipo de fracasos devastaron a la postre a presidentes como Calderón y Peña Nieto y lo harán con el Gran Solitario de Palacio. Se acumulan los fracasos en varios frentes en asuntos que no solo importan al círculo rojo o a unos cuantos miles más y de los que han dado testimonios los medios. 

El presidente será derrotado por la realidad. La duda no está ahí. La interrogante es saber qué hará a medida que sus fracasos se hagan más evidentes y las palabras no alcancen para disfrazar las cosas. Los gobiernos autoritarios siempre tienden a radicalizarse cuando están en problemas. ¿Por qué este sería diferente?