Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y sus simpatizantes supusieron que la contundencia de su triunfo electoral les alcanzaría para todo lo que quisieran. Pensaron —visiblemente de manera equivocada— que esa victoria sería como una suerte de patente de corso a cuyo amparo la llamada cuarta transformación podría intentar cualquier cosa sin efectos contraproducentes. Pero la realidad dispuso otra cosa: decretó que los caprichos y las ocurrencias sí tienen sus límites.

Entre los dislates en que ha incurrido la administración de AMLO, ninguno ha tenido mayores consecuencias que la cancelación del nuevo aeropuerto Internacional de México (NAIM). Sin que tal vez se hayan dado cuenta las huestes del lopezobradorismo, esa acción le infligió un desprestigio quizás irreversible a la propuesta, que parecía tan novedosa y atractiva, de las consultas ciudadanas para tomar decisiones trascendentes.

Ahora, los tenedores de los bonos que se emitieron en el extranjero para financiar el NAIM se han negado al plan de recompra que les ofreció el gobierno, y en la edición de antier de El Economista se supo que piensan irse a la acción judicial. Es evidente que, en caso de que así suceda y de que salgan airosos ante los tribunales, el desprestigio para la administración de AMLO será inmenso y dejará una huella imposible de borrar: la huella de que el régimen es vulnerable, que puede salir derrotado en sus batallas con tan sólo que los antagonistas se coloquen en una posición de firmeza.

Tal vez no se dieron cuenta, pero en su momento los contratistas del NAIM también estuvieron en una posición de fuerza semejante, cuando AMLO se reunió con ellos para decirles que sus contratos serían respetados y que el gobierno les pagaría hasta el último centavo. En caso de haberse negado a la negociación y manifestado públicamente que se irían a la acción legal, quién sabe en qué brete habrían metido a AMLO y a su administración.

Hoy, desde una posición de mucha mayor fuerza, los tenedores de los bonos del NAIM han decidido irse por la vía judicial. Una de sus fortalezas más visibles será que entre ellos hay inversionistas institucionales, y que son precisamente éstos quienes están llevando el liderazgo de su movimiento, seguramente con el apoyo de abogados de primer nivel. ¡Y pensar que toda esta problemática habría sido salvable con tan sólo una actitud de mayor prudencia y buen juicio!

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BrunoDonatello

Columnista

Debate Económico