Nueve de cada diez pesos que gasta el gobierno de Jalisco vienen de la Federación. ¿Qué diablos significa eso? ¿Que Jalisco es una rémora? ¿Que los jaliscienses no pueden producir los pesos que necesitan para mantener su sistema público? ¿Que el gobernador de Jalisco y el de Nuevo León y el de Coahuila y los del norte que andan de rebeldes, son unos hipócritas malagradecidos que quieren morder la mano que les da de comer?

No. Diez veces no. Nunca he entendido por qué lo frasean así: el estado depende de la Federación. Como si los estados fueran los millennials mantenidos de un gobierno rico y generoso que les da para su gasto. Toma mijo, ahí te dejo estos dos pesos. Pongo el ejemplo de Jalisco porque su gobernador anda muy activo, pero podría hablar exactamente igual de cualquiera de las otras 31 entidades: las que más, las que menos, todas reciben para su gasto.

¿Pero de dónde saca dinero el gobierno federal? Dejemos las cosas claras:  entre Pemex, CFE, ISSSTE e IMSS, se junta apenas una quinta parte de su tesoro. Lo verdaderamente pesado son los impuestos que pagan los jaliscienses, los chiapanecos, los zacatecanos, los veracruzanos, los chilangos y bueno, ya se entendió, ¿no? Esa bolsa, que es la más grande a repartir, se llena con lo que los mexicanos transfieren al gobierno por trabajar, comerciar, vender, ganar, usar gasolina y beber tequila en sus respectivos estados. Sí, en Jalisco o Colima, no en el Senado o Palacio Nacional.

Ahora bien, a esa bolsa, el gobierno federal le pellizca, y no poco. De todo lo que se junta por el trabajo de los mexicanos en sus estados, se pasa a los gobiernos estatales por ahí de la mitad y el resto, junto con los otros ingresos se usa para pagar deuda, mantener burócratas, construir carreteras (no si son concesionadas), mantener el IMSS (ah no, lo mantienen precariamente los empresarios y los trabajadores, que no reciben de la parte del gobierno lo suficiente ni para mascarillas) y claro, se entregan despensas, becas y pensiones de los programas sociales. ¿En dónde? Pues en los estados, claro. Y eso funciona para argumentar que es una manera indirecta de ejercer los recursos en territorio, pero con el criterio del centro.

Esto es lo que tiene con los pelos de punta a los gobernadores más bravucones del país, los más entrones: sus estados generan riqueza y, en un contexto de crisis, no ven solidaridad de la bolsa federal ni para las delegaciones del IMSS. No se trata de que Coahuila no sea solidario con un estado más pequeño, Tlaxcala, por ejemplo. Más bien se trata de que Coahuila y Tlaxcala no vean que se van todos los pesos al gobierno federal. Por eso algunos ya gritan y dan sombrerazos: porque el gobierno no parece responder al arreglo de 32 entidades para la subsidiariedad, sino que parece ser una instancia gubernamental superior que hace lo que se le da la gana como si su país no fuera este que tiene 32 estados, sino una masa informe con un pueblo conceptual y proyectos de escritorio.

Por eso reclaman, y tienen razón. Y no, no es mal momento, este es el momento, porque pueden tejer alianzas regionales, porque en décadas no han podido poner sobre la mesa el arreglo fiscal, porque tienen reflectores y ambición, pero, sobre todo, porque urge.

Ivabelle Arroyo

Politóloga

La Sopa

Ivabelle Arroyo Ulloa es politóloga y analista, con 24 años de trayectoria periodística. Es jurado del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en México. Dirige una revista digital sobre política capitalina y escribe para medios jaliscienses.