Hay políticos profesionales cuya trayectoria daría para enjuiciarlos y eventualmente meterlos a la cárcel, pero dadas las componendas del sistema político, buscan con cínico desenfado otra candidatura.

Deberían ser los impresentables, sin embargo varios políticos cuestionables están buscando una candidatura al senado o a una diputación federal.

En la lista de impresentables hay políticos como el ex presidente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Humberto Moreira, cuestionado por el manejo ilegal de la deuda de Coahuila; aparece también Ulises Ruiz, ex gobernador de Oaxaca, y quien incendió socialmente su estado al aferrarse al cargo a pesar de un amplio movimiento popular que lo que cuestionaba. Y buscaba lugar también en lista plurinominal al Senado de la república, Mario Marín, ex gobernador de Puebla, famoso por su impúdica relación con Kamel Nacif, que propició la persecución y detención de la periodista Lydia Cacho.

Otro que debe estar en la lista de impresentables es el dirigente de los petroleros del país, Carlos Romero Deschamps, que maneja el sindicato de trabajadores de Pemex como si fuera sultanato.

¿Realmente se animará el PRI a premiar con una senaduría o diputación a alguno de estos impresentables? Por lo pronto, en la convocatoria de registro de aspirantes plurinominales al Senado y a la Cámara de Diputados pusieron como requisito que los aspirantes prestigien al partido; si se respeta la cláusula, difícilmente alguno de los mencionados debería estar incluido.

Aunque en público Mario Marín y Humberto Moreira dicen no querer una senaduría, se sabe que pujaron por llegar al cargo porque saben que les daría fuero para protegerse de investigaciones incómodas en su contra.

El PRI no es el único con candidatos impresentables. El Partido Acción Nacional (PAN), por su parte, está postulando a una diputación federal plurinominal a Fernando Larrazabal, el alcalde de Monterrey salpicado en el escándalo tras la muerte de 52 personas en el Casino Royale de la capital regiomontana y tras confirmarse que su hermano, Jonas Larrazabal, recibía dinero de empelados de los casinos.

El PRD, por su parte, también tiene su lista de impresentables. Entre ellos se encuentra Manuel Barlett, quien es precandidato de las izquierdas al Senado de la república. Quizá haya poca memoria en el PRD, pero Bartlett fue el responsable directo de la famosa caída del sistema de cómputos en la elección presidencial de 1988, lo que permitió consumar el fraude al voto popular e imponer así a Carlos Salinas de Gortari.

Por si fuera poco, René Bejarano, famoso por meterse fajos de dinero para financiar ilegalmente campañas perredistas, se pasea sin pena por el país apoyando la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador.

Y qué decir del Niño Verde, Jorge Emilio González Martínez, quien aspira a una posición en el Senado, a pesar de su cuestionable trayectoria, como aquel video donde aparece pidiendo dos millones de dólares para gestionar un negocio turístico en Cancún.

Esta pequeña muestra, de un abanico más amplio de impresentables, revela lo que es en realidad el sistema de partidos en México: grupos de poder e intercambio de favores y protección de intereses.

Por eso cada vez se impone la necesidad de otra política, que rompa la cadena de impunidades con las que se anudan los intereses partidarios.

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