A pesar de que Agustín Carstens le ha robado reflectores con su candidatura a la Dirección del Fondo Monetario Internacional, sin duda ésta es la semana de otro mexicano.

José Ángel Gurría Treviño festejó ayer los 50 años de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) como su Secretario General.

Y claro que el affaire de Dominique Strauss-Kahn le ha quitado reflectores al festejo, pero de cualquier forma reclama la OCDE su lugar como un foro multilateral de encuentro entre desarrollados y emergentes.

Hillary Clinton, secretaria de Estado de Estados Unidos, no desaprovechó la ocasión para recordar que esta OCDE es una continuación del Plan Marshall de posguerra, en donde su país estructuró un sistema de ayuda para la Europa destruida.

Hoy Europa, a pesar de sus problemas de coyuntura, es un continente desarrollado, pero entre sus 34 naciones integrantes hay disparidades. Naciones como México deben ser beneficiarias de este intercambio multinacional.

Parte del trabajo de la OCDE es analizar las condiciones locales, regionales y globales. Por eso es que surgen recomendaciones específicas como las que hacen a nuestro país.

Realizar las reformas estructurales, dejar de gastar dinero en subsidiar gasolinas, reforzar la competencia, son consideraciones de la OCDE sobre México que van del sentido común al intervencionismo, dependiendo el cristal con que se miren. Pero son indispensables.

Lo que también raya en el sentido común, pero es algo terriblemente mal atendido, es la advertencia que hace Gurría sobre una nueva crisis que se estaría gestando en el mundo.

En un artículo publicado aquí en El Economista, a la par del diario El País de España, este personaje comenta: Nos gustaría creer que ya hemos pasado lo peor de la mayor crisis en 70 años; sin embargo, los derivados, uno de los principales culpables de la crisis financiera, siguen sumando 10 veces el PIB mundial y continúan en aumento .

Sin desperdicio en sus palabras, cuestiona la compra de Skype por parte de Microsoft en 8,500 millones de dólares, identificando el fenómeno como un síntoma de una burbuja de Internet.

Pero advierte también de los incrementos en los precios de bienes inmuebles, de los niveles tan altos de crédito al consumo y de las enormes ganancias bancarias. Éstos, dice, son síntomas típicos de recalentamiento.

Y qué frase ésta: Sería perdonable que nos preguntemos si hemos aprendido algo en estos últimos años. Sería menos perdonable que estemos, sin darnos cuenta, preparando el terreno para la próxima crisis, sin que nadie dé la señal de alarma .

Esta reflexión que hace José Ángel Gurría es paradójicamente la materia principal de discusión de lo que tiene que ser una organización como el Fondo Monetario Internacional.

La intensión del Secretario General de la OCDE es alertar sobre los peligros del mundo, no obstante se convierte en una guía de lo que hay que buscar para el FMI.

Si se confina al Fondo a ser un mero rescatador de economías en desgracia, no saldrá de Europa cuando ya tenga que estar atendiendo el siguiente incendio financiero.

Pero si el FMI se convierte en un actor activo de la recomposición de los desordenados mercados mundiales, podrá tener un valor más allá de la coyuntura. Podría reencontrar la esencia de su creación en los difíciles días de la posguerra.

Estas palabras son un impulso también para organizaciones más modernas y surgidas ante las evidencias de que las llamadas economías emergentes hoy cargan con buena parte del desarrollo económico. Por eso es que este mensaje tiene que rebotar en el FMI, en el Banco Mundial, pero sobre todo en el G-20.

Bien por Gurría, que está a la altura de lo que un organismo mundial demanda de un líder.

La primera piedra

Quién sabe que tan insultante sea que exmadracistas del PRI llenen de insultos a un Secretario de estado. Puede ser hasta reconfortante marcar distancia con lo que ha representado esa camada de políticos mexicanos.

Lo que parece fuera de lugar es que un partido que en sus siglas lleva la denominación de institucional pretenda romper relaciones con el titular de la Secretaría del Trabajo sólo por no estar de acuerdo con sus opiniones. Lo único que hacen con su encolerizada reacción en contra de Javier Lozano es confirmarlo como un dolor de cabeza para los priístas, lo que hará voltear a los panistas hacia este prospecto de candidato.

Por cada insulto proferido a Lozano por la administración partidista de Humberto Moreira, a través de sus voceros, debería el Secretario enviar una rosa azul para agradecerles sus finísimas atenciones políticas.