El ocio constructivo de revisar nuestras bibliotecas personales siempre es agradable y fructífero. En la mía encontré un tesoro: un libro sobre la vida de Don Rodrigo Gómez, director del Banco de México durante tres sexenios que hizo una mancuerna formidable con Don Antonio Ortiz Mena, Secretario de Hacienda durante dos sexenios.

En el libro, publicado por el Fondo de Cultura Económica y el Banco de México en 1979, escriben sobre la obra de Don Rodrigo personajes de la talla de Don Antonio Ortiz Mena, Mario Ramón Beteta, Gustavo Petricioli, Francisco Gil Díaz, Miguel Mancera y Leopoldo Solís.

Este último aborda en un capítulo, La Labor Promocional del Banco de México en Tiempos de Rodrigo Gómez, temas trascendentes en aquel entonces: "Teniendo en cuenta la estructura fiscal y la conveniencia de acomodar las necesidades de crédito ante una política monetaria restrictiva se podía armonizar con medidas selectivas de crédito, a fin de canalizar hacia la adquisición de bienes de inversión, fondos que de otro modo se hubieran destinado a la compra de bienes de consumo".

Así, la política selectiva de crédito permitió que el Banco de México estableciera un vinculo entre la estrategia de desarrollo económico y la política monetaria.

Como complemento a la canalización selectiva de fondos prestables para el desarrollo industrial, agropecuario, urbano y otros, se crearon mecanismos de apoyo a actividades especificas en la forma de fondos de redescuento de papel, en fideicomisos adjuntos al Banco de México y otras instituciones gubernamentales.

Así, surgieron el Fondo de Garantía y Fomento a la Industria Mediana y Pequeña (FOGAIN), el Fondo de Garantía y Fomento para la Agricultura y la Ganadería, los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) y el Fondo de Fomento a la Vivienda (FOVI), entre otros.

En los años sesenta se acudió al Banco Mundial y al BID para fondear con recursos adicionales estos fideicomisos como vehículos para apoyar la infraestructura pública y la inversión productiva.

En su momento, nos dice Leopoldo Solís, la creación de los Fondos de Fomento fue resultado de la necesidad de contar en los años cincuenta y sesenta con una estructura crediticia que facilitara el financiamiento a mediano y largo plazo de los sectores productivos del país, cubriendo con ello la carencia de un mecanismo financiero que, además de captar recursos para el desarrollo, los canalizara a los sectores productivos siendo a la par una fuente permanente de creación de empleos, al apoyar la infraestructura productiva y social.

El éxito de estos fondos en su momento radicó en la asistencia técnica que acompañó la asignación a proyectos rentables, y a la buena administración del Banco de México.

También debe destacarse que al canalizar recursos hacia los usuarios que no tenían posibilidad de acudir a fuentes tradicionales de financiamiento, se evitó la concentración de apoyos a sólo algunas empresas. El éxito del Desarrollo Estabilizador se debió en buena medida al uso inteligente y racional de este tipo de mecanismos.

Agustín Caso Raphael

Economista

Ensayos en Persuasión

Licenciado en Economía por el ITAM y Maestro por la Escuela del Servicio Exterior de Georgetown University, Washington D.C. Profesor Titular de Historia del Análisis Económico en el ITAM desde 1990. En 1976 recibió el Premio Nacional de Economía y su trabajo fue publicado por Editorial Limusa con el título Política Monetaria, Inflación y Crecimiento Económico: El Caso de México. En 2005 publicó el libro Migración y Repatriaciones y en 2010, Trotsky, Viaje hacia el Laberinto.

Por más de 45 años se ha desempeñado en la administración pública nacional e internacional. Inició su desarrollo profesional en el Banco de México. Ha ocupado puestos directivos en el Banamex, Pemex, el Instituto de Acción Urbana e Integración Social (AURIS), la Conasupo, y las Secretarías de Energía, Gobernación y Hacienda y el INEE. Actualmente es Auditor Especial de Desempeño de la Auditoría Superior de la Federación.

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