(Segunda parte de cuatro)

Una buena parte de los inversionistas usa más la pasión que la razón. Por eso muchos justifican sus propios errores, en lugar de aprender de ellos. Hablamos en la primera parte de la gente que se engaña a sí misma, siguiendo un poco la filosofía de Nietzsche, muchos mediante ese instinto humano de seguir las masas, que tanto nos perjudica.

Hablemos entonces de otros dos errores, para ilustrar la relevancia de tener un enfoque en lo que es importante: nuestro objetivo de inversión, y el riesgo de nuestro portafolio. Porque como siempre digo, no hay inversión sin riesgo; la buena noticia es que éste se puede conocer y controlar. Algunos de esos errores comunes son:

Un enfoque demasiado estrecho

Una de las formas más sencillas de controlar el riesgo de nuestro portafolio, particularmente el no sistemático, es a través de la diversificación. Sin embargo, a pesar de que siempre hemos escuchado los peligros de poner “todos los huevos en la misma canasta”, aún hay inversionistas que siguen comprando una única clase de activo.

Eso en México sucede muy a menudo: durante muchos años la gente se dedicó a comprar dólares y a guardarlos debajo del colchón. La creencia popular: no pierden su valor. Se olvidan de que en Estados Unidos también hay inflación, y que incluso una baja como la de aquel país a lo largo de los años puede mermar significativamente nuestro poder adquisitivo.

Lo mismo pasa cuando la gente invierte exclusivamente en bienes raíces. Existe la creencia de que éstos “siempre tienen una plusvalía, nunca pierden su valor”. No necesariamente es cierto: en el mundo ha habido crisis inmobiliarias muy fuertes, como la de EU en plena crisis financiera. Incluso hoy quienes tienen inmuebles en las zonas afectadas por el último terremoto en México, como la Condesa o la Roma, aun estando en buen estado, tienen problemas para vender o rentar esas propiedades. La gente no se pone a pensar que en el futuro una zona que hoy es tranquila puede convertirse en un lugar inseguro. Y eso hace que las casas pierdan valor. Como decía Nietzsche: “No existen hechos, sólo interpretaciones”.

También está la gente que se siente atraída por el oro y su estrategia de inversión completa consiste en comprar centenarios. No toman en cuenta el amplio spread entre compra y venta, ni el riesgo de guardarlos en casa. Sino que piensan que el oro es “seguro”, cuando es uno de los activos más volátiles que existen.

Reflexionemos: ¿Cuál es el riesgo de un portafolio invertido 100% en oro? ¿Qué tanto se mueve su valor?

También muchas personas me han preguntado sobre el bitcoin, que hacia finales del año pasado subió muchísimo (se multiplicó su valor varias veces). Eso despertó el interés de la gente, quienes compraron en su punto más alto, casi a 20,000 dólares por cada bitcoin.

Hoy su inversión vale menos de la mitad (el precio del bitcoin está por debajo de 8,000 dólares). El bitcoin no es un mal activo y no es que no pueda volver a subir. Se trata simplemente de controlar el riesgo y diversificar, porque no todos los instrumentos se comportan de la misma forma:

No tener ningún enfoque

Aunque como ya mencionamos, la diversificación es buena porque nos ayuda a disminuir el riesgo, un enfoque demasiado desordenado, invertir sin ton ni son puede ser una conducta igual de nociva. Existen personas que tienen cuentas de inversión en varias instituciones: casas de Bolsa, operadoras de fondos, pólizas de seguro con acceso a fondos, etcétera. Y ninguna con un fin específico.

La gente que invierte de esta manera: ¿Cómo puede tener idea de cómo está diversificado su portafolio? De la misma forma, existen aquellos que tienen una cartera distribuida en demasiados instrumentos, que son imposibles de seguir de forma individual. Por ejemplo, portafolios construidos con 20 distintos fondos de inversión. ¿Cómo podemos saber que el desempeño de cada uno es adecuado y consistente versus su benchmark? ¿Cuándo es momento de cambiar de fondo?

Dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos. También dicen que el arte de complicarse la vida es lo que define al ser humano. Y ciertamente ejemplos de ello se pueden encontrar en cualquier lugar.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com