(Primera parte de cuatro)

Uno de mis filósofos favoritos, sin duda, es Friedrich Nietzsche, a quien alguno de mis profesores una vez llamó “un alma atormentada con una inteligencia que rebasa lo genial”.

Una de las frases que más me gustan de él es: “La mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo. Engañar a los demás es un defecto relativamente vano”.

Si uno piensa un poco en eso, me parece que es verdad: el ser humano es un racional y pasional a la vez. Esta dualidad es única en nosotros. Las emociones en ocasiones nublan nuestro juicio y nos hacen tomar decisiones impulsivas y equivocadas que muchos calificarían de irracionales.

Pero a la vez, nuestro elemento racional también puede jugarnos malas pasadas. Y es que nuestra mente puede hacernos racionalizar nuestros errores para intentar justificar nuestras acciones. Y podemos creer que estamos bien, cuando en realidad ocurre todo lo contrario, logrando engañarnos a nosotros mismos.

En fin, esta mezcla entre pasión y razón es única en el ser humano y es lo que nos permite ser sumamente interesantes. Es también lo que hace que teorías económicas que funcionan en un lugar no lo hagan en otro, porque la gente actúa de manera diferente. Los economistas no deberían olvidarlo nunca, aunque frecuentemente lo hacen.

Volviendo al tema que nos toca, a la hora de invertir muchas veces nosotros nos convertimos en nuestro propio enemigo. Por eso he decidido preparar una lista de los errores más comunes que cometen los inversionistas. Conocerlos es importante ya que nos permite estar conscientes de ellos. De esta manera podemos identificarlos en nuestro comportamiento y tomar acciones para evitarlos de cara al futuro.

El instinto humano de seguir las masas

Muchos inversionistas son muy fácilmente influenciables, y eso muchas veces les hace comprar caro y vender barato. Son personas que leen algo acerca de una acción que tiene buenas perspectivas, y la compran sin haberla investigado antes, y sin considerar cómo encaja dentro de su portafolio.

Sin embargo, es fácil perder la perspectiva a una escala mucho mayor. Lee Munson, asesor financiero en Albuquerque, relata una anécdota que demuestra cabalmente cómo a veces son los propios inversionistas quienes sabotean su portafolio de inversión.

Munson cuenta que uno de sus clientes vendió sus acciones dos días antes de que el índice S&P 500 tocara su mínimo en el 2009. Lo llamó desesperado, diciéndole que Obama estaba arruinando al país, que venían tiempos terribles y que no quería tener acciones en su portafolio.

Sin embargo, después de que los republicanos tomaron el control del Congreso en las elecciones intermedias del 2010, cuando dicho índice había subido ya 75% desde su mínimo en el 2009, ese cliente volvió al mercado.

Es decir: vendió muy barato, y regresó cuando el mercado estaba caro.

Hay desafortunadamente muchos otros ejemplos al respecto. El bitcoin se ha puesto muy de moda recientemente (aunque ha caído severamente desde sus máximos del año pasado). Todos quieren invertir en él, sin saber lo que es y sus riesgos, y sin pensar cómo va a encajar en su portafolio. La gente siempre se interesa en algo que ya subió: que ya está caro. Las masas siempre se quieren subir al tren que ya partió de la estación.

En mi experiencia, cuando esto sucede, es casi una señal inequívoca de que existe una burbuja, que tarde o temprano se reventará. Aquellos inversionistas que piensan por sí mismos, y que no se dedican a seguir a las masas (sino por el contrario las arrastran) llevarán ya mucho tiempo fuera de este mercado cuando eso suceda.

Decía Nietzsche que “para predecir el comportamiento de la gente, uno únicamente debe asumir que siempre tratarán de escapar de una situación desagradable con el menor gasto posible de inteligencia”. Y tiene mucha razón. Los inversionistas que no se dejan guiar por las masas son quienes toman provecho de esto.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com