¿Todos Unidos contra AMLO? ¿O contra MEC? A juzgar por los resultados de la votación del Consejo Nacional del PRD, que definió a los candidatos plurinominales al Congreso de la Unión, ni el actual Jefe de Gobierno del DF ni su antecesor, ahora candidato presidencial de las izquierdas, resultan personas gratas para la nomenklatura del sol azteca.

Tampoco es que López Obrador y Ebrard Casaubon hayan dedicado mucho de su tiempo y de sus esfuerzos para conciliar intereses con los líderes de Nueva Izquierda -o los chuchos, como se les conoce entre los perredistas- y Alternativa Democrática Nacional, las dos corrientes hegemónicas.

Entre los líderes nacionales y la burocracia partidista existen agravios grandes, extendidos. Hace un año, AMLO derrumbó la alianza que construían las tribus con el PAN en el Estado de México. Y apenas hace unas semanas, MEC eliminó cualquier candidatura 100% perredista, con la postulación -vía encuestas- de Miguel Ángel Mancera como abanderado de las izquierdas al gobierno capitalino.

Como todas las rupturas, el divorcio de las tribus con los presidenciables acumula múltiples episodios desde el 2007. Cuando los chuchos expropiaron el partido, López Obrador evitó cualquier negociación desventajosa y se enfocó a edificar al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) que, sin tener siquiera registro como agrupación política, puede reclamar un asiento en la cúpula del llamado Movimiento Progresista.

Ebrard, por su parte, decidió constituirse en una tercera vía dentro del partido. Y al margen de chuchismos o bejaranismos -pésele a quien le pese, Izquierda Democrática Nacional preserva el control del partido en la ciudad de México-, amansó a los grupos minoritarios y formó un frente opositor a las tribus. No importó que en el camino fraccionara a IDN y a Foro Nuevo Sol, expresión que encabezaba Amalia García Medina.

Con sus nuevos aliados y gobernadores -Ángel Aguirre, de Guerrero, y Gabino Cué, de Oaxaca- quiso hacerse del control del PRD-DF en una jugada estratégica, cuya resultante sería la postulación de Mario Delgado como candidato a la Jefatura de Gobierno.

Así nació -el año pasado- la planilla 22, que buscó abrirse espacios en el Consejo Nacional y tomar el control del PRD-DF, sin éxito. Vino un periplo largo y complicado en el que Ebrard consiguió -a pesar de carecer de la mayoría en los órganos partidistas- designar a quien será su sucesor.

Para Nueva Izquierda y ADN llegó el tiempo de cobrarse aquellas petulancias con el reparto de candidaturas plurinominales al Congreso de la Unión. Al final, la Comisión de Candidaturas sirvió de muy poco; la correlación de fuerzas y el peso específico de las tribus se impusieron como criterio prevaleciente en la conformación de las listas de candidatos de representación proporcional en el sol azteca.

No quedaron los mejores cuadros en los primeros lugares. No estoy satisfecha porque un partido no es un asunto de cuántas canicas traes, sino de qué personalidades, qué sustento trae cada candidato detrás , describió con contundencia la lideresa nacional de Foro Nuevo Sol y exsecretaria general del partido, Hortensia Aragón.

El cuotismo, en una palabra, se impuso y perjudicó a Morena y a los ebraristas, quienes no podrán quejarse, pues avalaron las vías de negociación abiertas por la nomenklatura perredista, a cambio de que se aplicaran encuestas para los candidatos en los distritos y las senadurías más competidos.

Los ganadores fueron citados - entre el jueves y viernes pasados- en el DF. Jesús Zambrano y Manuel Camacho les informaron que serían nominados oficialmente hasta después de que el Consejo Nacional aprobara las listas y éstas se registren ante el IFE.

Al final, todo resulta un espejismo. Y es que las dirigencias nacionales del PRD, el PT y el Movimiento Ciudadano acudieron -por voluntad- ante las autoridades electorales para registrar una coalición total para participar en las elecciones. Allí quedó estipulado que los mejores perfiles serían postulados.

¿Y cuáles, los criterios de selección? Además de antecedentes electorales de los partidos coaligados, los resultados de consultas y mediciones de opinión pública que acuerden los integrantes de la coalición. Este precepto se podrá aplicar hasta en un máximo de 15% de las candidaturas a senadurías y diputaciones federales uninominales. En el resto de los casos sólo se tomarían en cuenta los resultados de encuestas abiertas a la opinión pública.

Al final, será la Comisión Coordinadora Nacional del Movimiento Progresista -que se integra con los presidentes nacionales de los partidos políticos coaligados y el senador Ricardo Monreal, en representación de AMLO,- quienes palomeen a los candidatos. Y si bien las decisiones en el seno de ese organismo deben tomarse por consenso, siempre tomando en cuenta la opinión del candidato a Presidente , allí ni los chuchos ni los bejaranos, sino López Obrador tiene la última palabra.