Distintos estudios han intentado analizar cuáles son las presunciones de los inversionistas al enfrentar riesgos financieros, encontrándose que no se equiparan a riesgos generados por procesos ciegos y aleatorios como, por ejemplo, una ruleta.

En el artículo “Perception of intentionality in investor attitudes towards financial risks”, de Bossaerts, Suzuki y O’Dohertyce, se señala que los seres humanos tienden a personificar las situaciones aleatorias o casuísticas que los afectan, lo que implica que les confieren cierto grado de intencionalidad.

El artículo plantea que ciertos tipos de conducta y consecuentemente de decisiones no adecuadas surgen precisamente cuando los seres humanos aplican procesos que se conocen como la Teoría de la Mente. Ello se refiere a la propensión de los seres humanos a intentar ponernos en los zapatos de otro, para intentar entender sus creencias y motivaciones y, consecuentemente, actuar con base en esa percepción que tenemos de las intenciones del otro.

El ejemplo que se plantea de ello en el artículo se refiere a un tirador de futbol soccer que, al cobrar un tiro penal, trata de pensar hacia donde se va a lanzar el portero y con base en esa presunción, actúa y decide la dirección de su tiro.

Sin embargo, a los mercados financieros no se les pueden conferir atributos de intencionalidad. Operan, sí, a través de intenciones específicas de individuos que en conjunto producen patrones, pero la conducta de un activo financiero no puede ser interpretada por un inversionista con una intencionalidad específica hacia él u otros como él.

Por ello, el artículo señala que los seres humanos tendemos frecuentemente a buscar racionalidad en eventos aleatorios y no intencionales, así como a atribuir creencias y deseos a objetos y sistemas.

En parte, ello se explica por la proclividad de los sistemas cognitivos cerebrales para encontrar patrones, tal como cuando queremos encontrar una figura religiosa en un pan tostado o cuando creemos que la conducta general de una sociedad o de un país responde a una manipulación colectiva y secreta.

Procesos como este subyacen detrás de muchas de las visiones conspiracionistas que escuchamos diariamente (siendo una de mis favoritas la que atribuye a la familia Rothschild el control del mundo).

Cuando enfrentamos sistemas complejos, cuyas explicaciones se derivan de múltiples variables que interactúan unas con otras, generando fenómenos caóticos, frecuentemente resulta más fácil tratar de encontrar patrones a los cuales atribuirles la responsabilidad de una conducta que nos afecta negativamente.

En particular, el estudio trata de analizar este tipo de conductas y comportamientos durante burbujas especulativas y la forma en la que estás estallan.

El estudio muestra, entre otras cosas, que en ciertos patrones de crecimiento de activos, la presunción de intencionalidad de esta tendencia para algunos inversionistas alimenta su deseo y urgencia de participación y, consecuentemente, provocan y aceleran una burbuja especulativa, que al concluir el proceso de apreciación, durante las correcciones de mercado, los inversionistas nuevamente asumen una intencionalidad de la tendencia y actúan mediante la venta de los activos, provocando el aceleramiento de la caída y el fin de la burbuja.

En muchos procesos de decisión, que involucran teoría de juegos, en las que la decisión de uno depende de la decisión de otro, la aplicación de mecanismos descritos en la Teoría de la Mente puede ser adecuada. Sin embargo, su utilidad depende, en primer término, de no suponer intencionalidad en procesos casuísticos que no la tienen y, en segundo lugar, de leer correctamente las intenciones de otros con los que interactuamos y que con ello influyen en la forma que adopta nuestra decisión.

Los movimientos de volatilidad de la semana pasada en los mercados internacionales, pero también las decisiones que cotidianamente tomamos en temas como en dónde invertimos o si creemos que se presentarán movimientos bruscos en el tipo de cambio (o incluso la forma en la que analizamos por quién votar) se explican en gran medida por estos patrones de las personas que o bien identifican intencionalidad donde no lo hay o interpretan incorrectamente las motivaciones de otros.

De ahí la importancia que, tanto nivel de grandes inversiones como en la vida cotidiana, entendamos hasta dónde somos capaces y conviene identificar reales o supuestas intencionalidades, para modelar nuestras propias decisiones, sin afectar nuestro propio bienestar (incluyendo el financiero) futuro.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

Síguelo en Twitter: @martinezsolares

director_general@mb.com.mx

Raúl Martínez Solares

CEO de Mexicana de Becas

Economía Conductual

Desde 2006 fue Director Comercial de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo y a partir de enero de 2012 es Director General de esa empresa.

Es especialista en temas de estrategia de negocios y mercadotecnia; Economía Conductual, cambios demográficos y ahorro previsional de largo plazo, como pensiones y ahorro educativo.