La inflación es la única forma de impuesto que puede imponerse sin legislación.

Milton Friedman, premio Nobel de Economía

Para muchas de las generaciones relativamente jóvenes de este país, la realidad es que, aun cuando pueden tener percepciones específicas sobre el crecimiento de los precios de algunos productos, nunca han experimentado periodos de inflación relevante, acelerada y sostenida.

Después de lo que se dio en llamar el periodo de desarrollo estabilizador en México, el país enfrentó en distintos momentos periodos de inflaciones aceleradas a finales de los 70, a principios de los 80, y la última a mediados de los 90.

Las inflaciones de los años 70 y 80 comparten como rasgo común que fueron originadas a partir de un excesivo endeudamiento y gasto público, que rápidamente se tradujo en inflaciones que llegaron a ser incluso superiores a 100% anual.

En ambos casos, una de las causas de origen de la inflación fue una política expansionista del gasto público, asociada a una visión en la que el gobierno preponderantemente asume un papel de rector y de agente relevante de la economía nacional.

Políticas de subsidios, de precios de garantía sin importar las condiciones de mercado y la propiedad del estado en sectores tan absurdos como los cines o la fabricación de bicicletas son expresiones puntuales de ese fenómeno.

En ambos casos, el ciclo inflacionario de largo plazo se alimentó con fuertes incrementos a los salarios que, sin considerar las condiciones del entorno y la capacidad de ésta para enfrentar ese exceso de dinero en la economía, provocaron desajustes del mercado interno acelerando aún más el crecimiento de los precios.

Por su parte, la inflación de 1995 y 1996 tuvo como causa fundamental, un desequilibro del endeudamiento (tanto público como privado), que fue financiado a partir del endeudamiento de corto plazo, en un periodo en el que aún existía un régimen cambiario semifijo; esto es, que el gobierno, a través de un Banco de México que no era autónomo, determinaba la paridad del peso frente al dólar.

Inversiones deficientes

Para muchas de las generaciones que vivimos esas inflaciones, se nos quedaron efectos negativos en primer término en la pérdida de capacidad económica, pero, además, de acuerdo con estudios recientes, en nuestra conducta financiera.

La investigación “Understanding the impact of severe hyperinflation experience on current household investment behavior”, de Fajardo y Dantas, muestra que existe una “memoria de inflación”, que afecta específicamente la predisposición de las personas para invertir en el futuro.

Las personas que enfrentaron inflación en momentos importantes de la formación de su vida financiera muestran un comportamiento de inversión de largo plazo deficiente.

Asimismo, las personas que enfrentaron periodos de inflación acelerada y prolongada tienden en el futuro a mostrar una menor proclividad hacia el ahorro de largo plazo.

La razón de fondo de lo anterior es muy sencilla. Para una persona que en periodos inflacionarios ve cómo sus ahorros o su patrimonio pierden aceleradamente valor, ahorrar para largo plazo pierde sentido, y esta percepción se mantiene incluso en periodos posteriores en los que la inflación se ajusta y se mantiene en niveles bajos y controlables, como ha ocurrido en México en las últimas décadas.

Un adecuado manejo financiero

De ahí la importancia de que como sociedad mantengamos permanentemente la visión en asegurar que nuestros gobiernos mantengan políticas fiscales y presupuestales responsables, que impidan el surgimiento de procesos inflacionarios, cuyo impacto no sólo se da en el corto plazo, sino que tiene una repercusión estructural y de conducta de largo plazo.

La inflación destruye la capacidad económica y merma los ingresos de las familias y, de manera más importante, afecta a aquellos que menos tienen.

Pero además dejará una profunda marca en la conducta económica de quienes padecemos o padecimos procesos inflacionarios, afectando y limitando la calidad de nuestras decisiones financieras futuras de ahorro.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

Síguelo en Twitter: @martinezsolares

Raúl Martínez Solares

CEO de Mexicana de Becas

Economía Conductual

Desde 2006 fue Director Comercial de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo y a partir de enero de 2012 es Director General de esa empresa.

Es especialista en temas de estrategia de negocios y mercadotecnia; Economía Conductual, cambios demográficos y ahorro previsional de largo plazo, como pensiones y ahorro educativo.