De la propuesta para refundar al PAN, ni hablar. Menos, de la posibilidad de acelerar la reforma al estatuto partidista, pues la Asamblea Nacional Extraordinaria, a la que urgía el presidente Felipe Calderón los días posteriores a la elección del 1 de julio, rápidamente quedó descartada.

Después de dos meses de un tránsito tedioso en un laberinto, la Comisión de Evaluación y Mejoras, que integró la cúpula panista para expiar las culpas de permitir el regreso del PRI a Los Pinos, después de dos sexenios en el poder, ha podido avanzar muy poco. Prácticamente nada.

A las primeras sesiones acudió prácticamente la totalidad de los 20 comisionados. Paulatinamente, la asistencia fue decayendo, lo mismo que el nivel de las discusiones. Algunos asistentes a esas reuniones de trabajo las describen como buenos ejercicios de catarsis ; en especial, cuando éstas transcurrieron bajo la coordinación de los consultores externos que propiciaron un diálogo fluido y establecieron mecanismos para discutir con respeto y civilidad.

A veces, la secretaria general, Cecilia Romero, actuaba como conductora de los debates; a veces lo hacía Juan Molinar Horcasitas -quien a últimas fechas se ha convertido en uno de los asesores más cercanos al jefe nacional, Gustavo Madero Muñoz-, y la necesidad de depurar el padrón de militantes del PAN absorbió buena parte de la energía y la disposición, durante las primeras sesiones.

Ante la evidencia -cada vez más nítida- de un inflamiento artificial del listado de la membresía partidista durante los últimos tres años, el expresidente nacional del PAN, Luis Felipe Bravo Mena, de plano propuso un borrón y cuenta nueva para que aquellos que verdaderamente estaban interesados en defender el ideario panista pudieran solicitar su reafiliación y aquellos que simplemente hubieran alimentado la base de datos de un precandidato a puesto de elección popular quedarían marginados del partido.

La desconfianza, en su máxima expresión. Y las dificultades logísticas que implicaba la implementación de tal propuesta eran superadas por una sencilla razón económica: el partido debe afrontar un cúmulo de compromisos económicos derivados de la campaña presidencial de Josefina Vázquez Mota y también el gasto corriente. Y fuera de Los Pinos, los panistas no podrían darse el lujo de prolongar más sus pleitos internos.

Justo hace un mes, comenzó el procesos de la depuración -disfrazada de refrendo - del padrón y que privilegiará a quienes gozan del estatus de militantes activos -casi 300,000, de acuerdo con el listado más actualizado del Registro Nacional de Miembros (sic)- y emplazará a los adherentes a quedarse dentro del partido.

Así las cosas, durante tres meses, todos los afiliados al PAN tendrán que acudir personalmente a las oficinas de su Comité municipal para iniciar un trámite sencillo, al que antecede una premisa básica: quienes quieran seguir dentro del partido, antes deberán completar los cursos de formación político-ideológica.

Ésa fue la respuesta de la cúpula panista a uno de los dilemas planteados por el presidente Felipe Calderón, aquellos días aciagos de julio.

Quienes tuvieron oportunidad de escucharlo en una de las múltiples reuniones que tuvo con líderes partidistas -en Los Pinos- refieren que el Ejecutivo federal insistía en la necesidad de purgar al partido de todo lo malo, inclusive -o empezando, como quiera vérsele- de aquellos que traicionaron a la causa o acreditaron falta de compromiso.

Pero nada más. A la mitad de octubre, ni fecha para Asamblea Extraordinaria ni documento-base para reformar al estatuto partidista.

Al catastrofismo que después del 1 de julio buscaba apoderarse del PAN, su jefe nacional -léase Gustavo Madero- logró superarlo con su llamado a la reflexión. Pero cuando la reflexión se vuelve permanente, se parece mucho a la parálisis.

¿Qué le pasó al PAN en los últimos 12 años? ¿Por qué falló en el cumplimiento de su objetivo histórico, que no era otro más que desmantelar al aparato autoritario? ¿Podrá recuperarse, electoralmente hablando, en las elecciones del 2013? ¿O debe enfilarse a una política de alianza total con el PRD?

EFECTOS SECUNDARIOS

CUMBRE. ¿El expresidente Carlos Salinas de Gortari, junto con el jefe del gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, y la excandidata presidencial panista Josefina Vázquez Mota? Parece broma, pero no lo es. Los tres personajes acudirán al Value Investing Forum, que tendrá lugar el próximo 24 de octubre en el Marriot Santa Fe, al poniente de la ciudad de México, auspiciado por Sabina Capital. Más de 600 participantes también verán las exposiciones de John Mack, chairman de Morgan Stanley; Roberto Hernández, mandamás de Banamex; Daniel Servitje, CEO de Bimbo, y Emilio Azcárraga Jean, de Televisa.

OPINIÓN. Justo cuando comienza a arreciar el debate sobre el futuro de Petróleos Mexicanos, comienza a circular Mitos y mentadas de la economía mexicana, el libro más reciente de Jacques Rogozinski, el enfant terrible de los tecnócratas mexicanos, quien tuvo el dudoso honor de encabezar la Unidad de Desincorporación de Empresas Paraestatales en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Desde esa posición contribuyó a la modernización de México con la privatización de más de 200 compañías, incluidas Telmex y Sicartsa.