Según la economía laboral, las remuneraciones más elevadas corresponden a los trabajadores más productivos, que por lo general son las personas mejor preparadas y quienes tienen habilidades específicas, son líderes y destacan por su mayor iniciativa o son los más confiables.

Si bien en nuestro sufrido país predominan los ejemplos que hacen de la teoría referida algo poco confiable, al predominar la discriminación contra mujeres, por ejemplo, el compadrazgo en política y la preferencia por la familia en la mayoría de las empresas, la teoría es válida y puede servir como guía para la fijación de percepciones para los trabajadores.

La cuestión importante es medir la productividad y dejar claro que ésa es la guía. También esta teoría nos dice que cuando algún trabajador, de cualquier jerarquía, comete algún error garrafal, normalmente pierde su trabajo.

Sobre todo si el error le cuesta a la empresa o a la organización. Así, la probabilidad de que vuelva a contratarse en otro empleo similar con el mismo salario será mínima. Esto si se deja funcionar el mercado, en el sentido de permitir que la información fluya acerca de estos empleados y no permita que algún corrupto o inepto vuelva a ocupar un puesto importante.

Hace unas cuantas semanas, algunos organismos gubernamentales acaban de anunciar la depuración de personal, debido a que se encontró un excesivo número de casos de corrupción, ineptitud y drogadicción, lo que afectó en forma severa a la sociedad con ese mal antecedente y no sólo eso, sino que mermaron de tal forma la confianza de la sociedad en las instituciones, que ahora la gente vive en una situación de miedo.

Es una buena medida esa de depurar al personal; sin embargo, la pregunta relevante es ¿qué vamos a hacer con esos depurados, ya que -como hemos visto en los 200 años de vida independiente en el país- rara vez va a la cárcel quien comete algún tipo de acto en contra de la confianza que la sociedad le depositó?

Lo que es más alarmante es que, como también rara vez la autoridad se preocupa en romper toda la cadena de corrupción, lo más probable es que nos encontremos nuevamente con los depurados en otros puestos públicos, haciendo gala de su capacidad de sobrevivencia, gracias al compadrazgo y otras prácticas maravillosamente conservadas en el país a lo largo de la historia. Como esa de no conservar expedientes actualizados y no confiar en la información. Así ni quien nos pueda ayudar.

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