Suponiendo sin conceder que la cifra oficial anunciada como costo de la consulta es correcta –528 millones de pesos–, es claro que esa cantidad no es una bicoca y pudo ser aplicada en otras necesidades sociales...

Otro costo que cabe apuntar por el experimento fallido del domingo es un desprestigio hacia futuro de la figura del plebiscito, como un mecanismo valioso del sistema democrático.

Alo mejor y hasta es cierto uno de los dichos favoritos del presidente López Obrador, en el sentido de que “el pueblo es siempre sabio y sabe decidir”. En ese orden, con sabiduría el pueblo optó por no apoyar masivamente la consulta del pasado domingo a pesar de la catarata de anuncios y mantas de propaganda que se desplegó en las ciudades del país.

Al no ser experto en comunicación y propaganda, carezco de elementos para juzgar el contenido de esos anuncios que llamaban a una cacería de brujas en contra de los expresidentes, condenados de antemano. Sin embargo, mi condición de economista profesional sí me permite decir que los recursos que se gastaron en el frustráneo experimento tenían de seguro un mejor destino desde el punto de vista social.

Suponiendo sin conceder que la cifra oficial anunciada como costo de la consulta es correcta –528 millones de pesos–, es claro que esa cantidad no es una bicoca y pudo ser aplicada, por ejemplo, a apoyar a los damnificados por las inundaciones recientes o, como se sugirió aquí en El Economista, a la adquisición de las vacunas contra el Covid-19 que faltan para inocular al resto de la población nacional. Cualquier destino alternativo que se hubiera dado a esos dineros públicos –que están tan escasos– habría sido mucho mejor.

Pero entre los costos que cabe contabilizar por la pasada consulta, hay unos adicionales en los cuales hemos venido insistiendo en este espacio, al comentar los proyectos fallidos del actual gobierno de la llamada 4T: los costos indirectos o colaterales. Al respecto, la verdad desnuda es que lo que no suma resta y el aborto de la consulta del pasado domingo resultó en una gran substracción a los fundamentos de concordia social y credibilidad en las autoridades que el país necesita para su buena marcha. ¿Para qué echarle más gasolina a la hoguera de la discordia nacional que se ha encendido?

En adición, otro costo que cabe apuntar por el experimento fallido del domingo es un desprestigio hacia el futuro de la figura del plebiscito, como un mecanismo valioso del sistema democrático. El mero sentido común lleva a concluir que a la figura constitucional de la consulta popular solo debe recurrirse por excepción y en casos muy precisos: por ejemplo, al concluir la Guerra, si México debería o no asociarse a la recién creada ONU.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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