En enero de 2018, Trump fijó un arancel de 20% a las lavadoras de ropa que México exporta a Estados Unidos.

Meses después, el 1 de junio, entraron en vigor aranceles de 25% al acero y 10% al aluminio que el presidente gringo impuso a estos productos mexicanos, aduciendo razones de seguridad nacional.

Y ayer, el gobierno estadounidense anunció que desde ya gravará al jitomate mexicano con un arancel de 17.5 por ciento.

Y entre arancel y arancel, decretado no por razones de seguridad nacional, sino para proteger a sus propios productores de lavadoras, acero, aluminio y jitomates, el mandatario republicano ha seguido denostando a nuestro país, a sus habitantes y a sus autoridades, ignorando los graves problemas sociales que hacen que el mercado estadounidense para drogas y armas sea el más grande del mundo.

Trump insiste en construir su muro fronterizo; acusa a nuestro gobierno de no hacer lo suficiente para combatir a los narcotraficantes, pese a los 300,000 muertos que nos ha costado la guerra contra las drogas; exige que México impida la entrada de miles de migrantes centroamericanos, sin detenerse a pensar que ni su gobierno es capaz de detener a miles de migrantes ilegales que cada año ingresan con visa de turista.

En pocas palabras, la actitud de Trump hacia nuestro país no ha variado desde que anunció su candidatura presidencial, el 16 de junio del 2015, mediante un discurso en el que dijo que México envía a su país a “corruptos, delincuentes y violadores” y que, tal vez, a “algunas buenas personas”.

Ha impuesto aranceles a productos hechos en México con dos objetivos en mente: afectar nuestra economía y privarla de miles de millones de dólares que tanto requiere y ganar la buena voluntad de los votantes que trabajan en las industrias que supuestamente busca proteger por medio de aranceles.

Afortunadamente, el arancel a las lavadoras no ha satisfecho los objetivos trumpianos, ya que de enero a septiembre del 2018 México exportó a Estados Unidos lavadoras y sus partes por un valor de 211.6 millones de dólares, 4.5% más que en el mismo periodo del 2017.

A fin de cuentas, fueron los consumidores estadounidenses los que tuvieron que pagar más por sus lavadoras mexicanas, frustrándose así lo que buscaba Whirlpool Corporation, la fabricante de lavadoras que solicitó la fijación del arancel para defenderse contra la competencia que le representan los fabricantes de nuestro país.

Lo mismo ocurrió con el acero, cuyas exportaciones mexicanas en el 2018, pese al arancel, aumentaron 10.2% respecto al 2017, porque son muchos los productos made in the USA que necesitan estos dos insumos.

Lo mismo ocurrirá con el tomate. Un estudio del Departamento de Agricultura de Estados Unidos determinó hace años que los consumidores no dejan de comprar este producto aunque su precio aumente hasta 43 por ciento. No imagino a un estadounidense comiendo una ensalada o hamburguesa sin tomates.

Es evidente que los consumidores estadounidenses son los que acaban pagando los caprichos de su presidente, que lo han llevado a declarar insensatas guerras comerciales contra México y otros países. Los números demuestran que fijar aranceles no ha funcionado a quien se apoderó del Partido Republicano y traicionó sus valores.

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EduardoRuiz-Healy

Periodista y productor

Columna invitada

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.