Aprobada la reforma energética, con los votos en contra de la izquierda, en el Senado de la República buscaban que los compromisos del Pacto por México se cumplieran al pie juntillas en las horas previas al cierre del periodo de sesiones y al inicio de las vacaciones decembrinas.

En la víspera, el jueves 12, en Los Pinos habían festejado ruidosamente y no necesariamente con fervor guadalupano. En la Cámara de Diputados después de la toma del salón de pleno y una sesión maratónica en la que hubo conatos de bronca y hasta un desnudo habían ratificado la minuta del dictamen sobre la iniciativa presidencial en materia energética, la madre de todas reformas estructurales, y eso era motivo de celebración. También lo fue, entre los colaboradores del Ejecutivo federal, el cumpleaños número 36 del jefe de la Oficina de Los Pinos, Aurelio Nuño.

Al mediodía del viernes 13, el joven politólogo y el abogado Humberto Castillejos, consejero jurídico de la Presidencia, encabezaron la mesa de la última negociación del año. Enfrente tenían al jefe del gobierno, Miguel Ángel Mancera, y a un grupo de senadores panistas y perredistas que habían impulsado el capítulo de la reforma política, que de ser aprobado daría autonomía a la ciudad de México.

A la cabeza de la facción moderada de la izquierda, Mancera observaba con preocupación que, de última hora, la representación panista ponía un insólito paquete de demandas y que los chicos de Los Pinos como llaman a Nuño y a Castillejos fuera del Pacto por México poco hacían para frenarlos.

¿Se fueron por la libre? Jorge Luis Preciado les hizo sentir que contaban con el aval del jefe nacional del PAN, Gustavo Madero, quien entre otras cosas insistía en que también en el DF debía permitirse la reelección de jefes delegacionales, a partir del 2015. Pero los representantes del Ejecutivo no se salieron de lo pactado con Mauricio Tabe, el dirigente del PAN capitalino, y rechazaron las demandas de los legisladores. El Ejecutivo dispuso y el Legislativo nuevamente quedó sometido. No hubo reforma política para el DF; Nuño y Castillejos regresaron a Los Pinos con la satisfacción del deber cumplido, sin percatarse de que con su cerrazón reunificaron al bloque PAN-PRD.

Identificados con el Secretario de Hacienda, ambos egresados de la Ibero, los chicos de Los Pinos llevan tres años de intenso trabajo conjunto. Ambos se conocieron en el war room de Eruviel Ávila, durante la campaña a la gubernatura del Estado de México, a inicios del 2010. Y durante la contienda presidencial del 2012, consolidaron su posición dentro del staff peñista, al amparo de Luis Videgaray.

Sin atraer tantos reflectores como el jefe de la Oficina de Los Pinos, Beto Castillejos ha tenido una participación importante en el Pacto por México y de las reformas estructurales.

Salvo su breve experiencia legislativa de apenas tres meses en el Congreso mexiquense, no había tenido algún cargo de relevancia en la administración pública en la que estuvo al inicio del sexenio calderonista en la PGR, como coordinador de asesores del entonces Procurador Eduardo Medina Mora. Hijo del penalista Marcos Castillejos, ex Director de Reclusorios, se hizo cargo del despacho de su padre hasta el 2012.

En Los Pinos, Nuño trabaja con un equipo compacto que elabora insumos para la toma de las decisiones de coyuntura, en el que destacan Rodrigo Gallard, quien fue su compañero de aulas en la Ibero y ahora está a cargo del área de opinión pública; Andrés Massieu Berlanga, coordinador del mensaje gubernamental, y Alejandra Lagunes, encargada de la estrategia digital. Jesús Ramírez Stabros, ex Diputado federal, ex dirigente del ASSA y con quien formó la Agrupación Social Democrática, APN que obtuvo su registro en el 2005.

Aparte están Erwin Manuel Lino Zárate, secretario particular; Francisco Guzmán Ortiz, coordinador de Asesores, Roberto Padilla Domínguez, y Héctor Javier Herrera, secretario técnico del gabinete presidencial, quienes llevan una década en el staff de Peña Nieto.

Los chicos de Los Pinos también tomaron las riendas en la negociación de la reforma energética, justo después de que el PRD se levantara de la mesa del Pacto por México. En el tramo final participaron: los diputados panistas Juan Bueno Torio, ex Director de Pemex Refinación, y Rubén Camarillo; mientras que la fracción priísta estuvo representada por Marco Bernal, presidente de la Comisión de Energía, y Héctor Gutiérrez de la Garza. Por el gobierno federal acudían Pedro Joaquín Coldwell, titular de la Sener, y Enrique Ochoa Reza, subsecretario de Hidrocarburos. Los priístas, paradójicamente, estuvieron en minoría, pues los representantes presidenciales no sólo habían adoptado con entusiasmo la propuesta azul, sino que se hicieron de la vista gorda ante las constantes afrentas e injurias de los legisladores del PAN hacia el ex dirigente nacional del PRI, lo que enturbió las negociaciones.

Con los votos del PAN, del Verde y de Nueva Alianza, libramos cualquier obstáculo , repetían los funcionarios de Los Pinos, siempre que buscaban imponer las propuestas panistas o descartar las objeciones de la mayoría priísta.

Todo lo arreglaban con los benditos transitorios , reclama un Senador que vio duplicarse la lista de anexos en el dictamen de la reforma energética.