El poderoso mercado de los bonos, hoy, está limitado.

Doña Tere, propietaria de una pequeña fondita, empezó a tener éxito el día que por alguna razón desconocida cerraron el restaurante de cadena que tenía enfrente. Sus desayunos, comidas y meriendas se volvieron muy socorridos como la única opción viable en esta zona de la ciudad.

En vista de que no se daba abasto, pidió dinero prestado para comprar mesas, sillas, equipo de cocina y para contratar el local de junto para agrandarse. Todo iba muy bien, hasta que el restaurante de cadena reabrió sus puertas con promociones muy agresivas y doña Tere quebró.

Esta historia pyme no busca recaudar fondos para la quebrada restaurantera, sino ejemplificar lo que ahora le advierte el Fondo Monetario Internacional (FMI) a países como México.

El poderoso mercado de los bonos del primer mundo hoy está limitado por las tasas de interés en cero y por las crisis financieras de ese tipo de naciones. Por ello, las pequeñas fonditas de deuda de los mercados emergentes se han vuelto tan apetitosas para los capitales.

Y dentro de la lista de los mejores changarros para comprar dinero con buenos rendimientos y un riesgo país altamente aceptable está la fonda México. Se ve limpia en sus finanzas, los meseros financieros son atentos y transparentes, el menú incluye botanas de liquidez inmediata y platillos tan elaborados como papeles de vencimiento a 100 años.

En fin, no es el lujo habitual del restaurante en el corazón de Wall Street, pero se pueden obtener rendimientos satisfactorios para satisfacer el voraz apetito de los capitales.

Para las firmas calificadoras, México tiene nivel de restaurante financiero medio, aunque en el mercado tratan a muchos de sus platillos como de alta cocina. O sea, la calificación, por ejemplo BBB de Standard and Poor’s de la deuda soberana mexicana está por debajo del trato de facto de una calificación en el nivel de la A que le dan los mercados.

Los argumentos para no modificar por ahora la nota son irrefutables. La estabilidad financiera no alcanza para una mejora en la calificación, hacen falta cambios estructurales que le den a la economía mexicana más estabilidad fiscal, mejores motores internos de crecimiento y un más robusto Estado de Derecho, entre otros.

Hoy, de acuerdo con el Banco de México, los inversionistas extranjeros tienen en su poder bonos de este país por un monto superior a los 927,000 millones de dólares. Ésta es una cifra nunca antes vista que pone en manos de extranjeros uno de cada tres bonos de deuda mexicana.

Este éxito tiene que ser comprendido, sí, por la calidad del producto y del negocio. Pero también hay que ver que los bonos nacionales se llenaron de clientes porque los grandes restaurantes de cadena, tanto estadounidenses como europeos o japoneses, están fuera de servicio temporalmente. ¡Pero no están cerrados!

Doña Tere creció su changarro con créditos caros que acabaron con su negocio. México podría enfrentar la repentina salida de capitales que podría hacer tambalear las finanzas nacionales.

La realidad es que este país en el terreno financiero no es ninguna fonda. Es una nación que se ha preocupado por tener un blindaje importante que incluye 161,000 millones de dólares en reservas, más otros 70,000 millones de dólares de una línea de crédito contingente que el FMI tiene a disposición del gobierno mexicano.

Porque, es un hecho, va a llegar el día en que los mercados maduros habrán de iniciar un proceso de aumento en sus tasas de interés, una vez que logren una recuperación económica sostenida y que dejen atrás sus conflictos de tipo financiero y fiscal.

Ese día, los capitales que ahora comen en esta mesa saldrán volando al negocio de enfrente, que tan bonito los ha tratado por tanto tiempo.

El banco central mexicano hoy enfrenta una realidad de una inflación alta, fuera de los niveles de paciencia que debería tener la autoridad monetaria. Los productos pecuarios alcanzan una inflación anual de casi 18 por ciento.

Y no es que estén muy cómodos en la Junta de Gobierno de Banxico con el tema; es que las tasas de interés son una trampa hoy.

Es como echarle más azúcar a las abejas que son adictas a los altos premios financieros.

Hay que saberlo con claridad: uno de estos días, van a reabrir la barra de los mercados maduros y los capitales nos mostrarán que son todo menos clientes fieles. Habrán de salir volando y pasarán por encima del peso, de la salud financiera y de cualquier otra cosa que tengan enfrente.

ecampos@eleconomista.com.mx