En las últimas semanas, se ha producido una serie de anuncios relacionados todos con la conducción de la política económica y que tienen como objetivo último que la sociedad viva en mejores condiciones. Empezando por Europa, en donde el Parlamento alemán dio el visto bueno para respaldar grandes operaciones de compra de deuda soberana, hasta el anuncio de la Fed, para la adquisición de bonos en el mercado y la presentación de varias iniciativas de reformas en México, todas tienen como objetivo que la gente viva mejor.

El efecto de las medidas europea y estadounidense es mantener las tasas de interés bajas, a efecto de que estimulen la inversión por parte de las empresas y alienten la mayor contratación de personas, ya que el elevado desempleo se ha convertido en el mayor problema, con consecuencias sociales considerables.

Si bien es probable que las tasas se mantengan reducidas y permitan a los gobiernos contener los recursos públicos que se destinan al pago del servicio de la deuda, no hay ninguna garantía de que la inversión de las empresas aumente, debido a que la perspectiva de mediano y largo plazos no ha cambiado; por el contrario, el número de economías en el mundo que ha reducido su expectativa de crecimiento aumenta todos los días.

En México, finalmente, el gobierno electo ha cumplido su promesa de empezar a trabajar desde hoy para promover una serie de cambios, dirigidos a elevar el crecimiento de la economía, mediante una mayor flexibilidad de algunos mercados y erradicar el cáncer de la corrupción y la falta de transparencia que se han convertido en una amenaza detrás de la cual se puede solapar cualquier cosa, desde la compra de votos hasta el crimen organizado, pasando por la captura del Estado y la manipulación de la administración de justicia. Nada más.

Si bien este tipo de medidas e iniciativas han sido apoyadas por organismos como la OCDE, el Banco de México y diversos grupos empresariales, basta ver los trabajos de algunos grupos de especialistas para percatarse de que persisten las diferencias de opinión en los qué, cómo y cuándo, diferencias que no son triviales.

Aunado a los abismos ideológicos entre los partidos políticos, sus intereses y los de sus representantes en el Congreso, podemos esperar que en materia de reformas pase cualquier cosa.

Las reformas trascendentes para el crecimiento (la apertura a la inversión) no se han presentado.

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