Mucho se ha hablado en los últimos días sobre la cobarde amenaza que lanzó una banda del crimen organizado en contra de la periodista Azucena Uresti, y diversos medios. Desde luego este evento resulta reprobable e inaceptable para la mayor parte de la población que se rige bajo leyes y que busca vivir en un Estado de derecho.

Tristemente, las fallidas estrategias gubernamentales en contra del crimen organizado han agrandado un problema de por si complejo y difícil de atacar. Si bien el combate al narcotráfico ha sido un tema que ha estado en todas las agendas federales, estatales y municipales desde hace al menos 25 años, ningún gobierno ha logrado acabar con la violencia y descomposición social que el mismo genera.

También, mucho se ha hablado sobre la falta de voluntad política por acabar con el problema. Y en realidad quizá la teoría que más se asemeja a la verdad es que el narcotráfico es una actividad sumamente redituable política y económicamente. Mientras siga habiendo mercado para el consumo de drogas y relajamiento en la aplicación de las leyes y castigos que regulen el mercado de las drogas, la violencia y las luchas de poder persistirán.

Por otra parte el caso de la reciente y cobarde amenaza a Azucena Uresti, se asemeja al del bully de la clase. Un niño rebelde, consentido, caprichoso e insolente que se ha crecido ante la falta de una autoridad que le ponga un alto. Esos pequeños monstruos que en la escuela primaria molestan, pegan, roban el lunch y ofenden. Los mismos que en secundaria y prepa, vandalizan, fuman, roban y golpean, para poco después acabar internados en alguna correccional y repetir el mismo ciclo de delito, crimen e impunidad a lo largo de sus vidas.

Cuando la oportunidad para delinquir y el delincuente se encuentran, la única manera eficiente de evitar el delito es a través del castigo derivado de la aplicación de la ley.  Cuando este castigo no se aplica, el delincuente ha ganado y el resto de la sociedad ha perdido.

Hoy, México y los mexicanos que respetamos la ley, pagamos impuestos, respetamos las instituciones y valoramos la libertad para vivir y para expresarnos hemos perdido. Y el bully, el rebelde, el caprichoso y el delincuente sigue ganando. La autoridad responsable que debe poner un alto al delincuente está siendo el cobarde de la historia.

Por más que los medios publiquen y vociferen, por más marchas a lo largo y ancho  del país, por más firmas recabadas y por más demostraciones pacíficas de hartazgo, mientras la autoridad competente no tenga la voluntad y la estrategia clara para  acabar con la violencia derivada del narcotráfico, los asesinatos y las amenazas a periodistas seguirán. México seguirá perdiendo.

aaja@marielle.com

Antonio Aja

Columnista

Showbiz

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