Reino Unido perdería siete veces más que la Unión Europea a través de un Brexit duro.

La política es la fiesta de la simulación. Boris Johnson quiso mantener la retórica belicista en contra de la Unión Europea hasta pocas horas antes de la Navidad. Su papel protagónico se lo demandaba. Llegó al número 10 de Downing Street interpretando a un pregonero del Apocalipsis europeo, y así se mantuvo hasta el jueves, a pesar de que la realidad económica señalaba lo contrario: frente a un Brexit duro la UE perdería menos del 1% de su PIB; Reino Unido, 7 puntos porcentuales del valor de su producción..

Reino Unido quedará más aislado del mundo gracias a la paradoja de la soberanía; en el siglo XXI confrontar el patriotismo contra el multilateralismo deriva en el aislacionismo. Ser más independiente acarrea enormes costos económicos. Ser populista, los multiplica. Ser mentiroso excita a la población. Desbordar banderas desde la retórica, excita doblemente. Los soflamas preferidos del populista: “retomar el control” y “recuperar la soberanía”.

Doble paradoja, Boris margina la aportación que en materia económica hiciera un compatriota suyo, David Ricardo. Economista que demostró los frutos del comercio internacional a través de la ventaja comparativa hace 200 años.

Boris Johnson les aportó a los británicos un componente de estrés navideño, claro, de manera irresponsable. ¿Es esa la función de un líder político? Las grandes cadenas de supermercados, como Tesco y Sainsbury, advirtieron antes de la Navidad de una posible escasez de alimentos en vista del cierre de fronteras. “Los ingleses, asustados, se lanzaron ayer 28 de diciembre, (martes 22 de diciembre, fecha en la que aun no había un acuerdo comercial entre Reino Unido y la Unión Europea) a comprar como locos, como si un meteorito estuviera a punto de golpear la Tierra o se avecinara una catástrofe nuclear”, escribió el corresponsal Rafael Ramos en La Vanguardia.

Reino Unido necesita de la Unión Europea. Por ejemplo, la presencia empresarial francesa en la isla es estratégica. Compañías con sede en París, como le gigante Électricité de France (EDF) dominarán sectores estratégicos a muy largo plazo, en su caso el de la energía nuclear, que exige inversiones de decenas de miles de millones de libras esterlinas y condiciona las facturas de finales de mes para los ciudadanos. Es un engaño que Reino Unido ganará soberanía en materia de energía nuclear. A pesar de que cuenta con armas atómicas, no posee la tecnología ni las empresas capaces de desarrollar en el futuro su uso civil. EDF explota las ocho centrales nucleares británicas.

Una compañía del grupo francés Thales, especializado en tecnología aeroespacial, defensa y seguridad, imprime los famosos pasaportes británicos de color azul para la era post-Brexit, sin la referencia de la Unión Europea. Un ente público, RATP, que gestiona los transportes públicos en París, es concesionario de varias de las principlaes líneas de autobuses en Londres. Lo mismo sucede con el monstruo ferroviario SNCF, presente con líneas al otro lado del canal de la Mancha.

Pero Boris Johnson sigue mintiendo. Luego de anunciar el acuerdo comercial con la Unión Europea, dijo: “¡Hemos hecho Gran Bretaña grande de nuevo!”. Las mismas palabras que eligió Donald Trump para hacer su campaña en 2016. “¡Es un día para festejar!”

Malas noticias para los que apostaron por la desaparición de la UE. El Brexit se encargó de cohesionar a sus miembros. Los 27 no rompieron filas durante los últimos cuatro años. Reino Unido eligió el Brexit como una política doméstica y populista.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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