Quien me conoce sabe que siempre me han llamado la atención los números, ver cómo la data estadística contrasta con las descripciones que recibimos sobre distintos temas. Conocer, por ejemplo, el porcentaje que cada sector productivo del país contribuye a producto interno bruto y cómo esas cifras son utilizadas por los servidores públicos en sus proyectos para mejorar la economía del país.

Los números también sirven para disipar dudas y reinterpretar realidades cuando éstos contrastan con diagnóstico común, pero erróneo, de un problema. Tal vez es por esta razón, que siempre que se habla de telecomunicaciones me interesa conocer los números que definen el desempeño de una nueva tecnología y también aquellos que imprimen requisitos mínimos para el buen funcionamiento de la misma.

Por otro lado, obtener números sobre el despliegue y adopción de las distintas tecnologías es una excelente herramienta que nos permite identificar aquellos puntos débiles de la implementación de una estrategia. También, saber cuándo las metas se han cumplido y es necesario comenzar una segunda fase en el objetivo de impactar positivamente a la población con la expansión en cobertura de los servicios de telecomunicaciones.

Precisamente en este punto es imperativo conocer los números que se van formando para cada localidad en lo que comúnmente se conoce como la estructura de costos de la red desplegada. Estos datos se contrastan con la data que se obtiene de la investigación, que se supone se haga, sobre el mercado potencial de clientes en el área y cómo éstos pueden generar suficientes ingresos que sirva para costear la red. Todo por medio de un esquema de tarifas sensato. Sensato, siendo definido como dentro de las posibilidades de pago de los clientes potenciales, lo que se determina al revisar los números referentes al poder adquisitivo, gastos e ingresos de los mismos.

Sin embargo, lo que encuentro sumamente fascinante del mundo de las telecomunicaciones es la gran cantidad de aseveraciones de especialistas que nunca utilizan un dígito para justificar sus palabras. Por ejemplo, en los pasados meses, he leído hasta la saciedad sobre cómo China dominará la tecnología 5G, porque en ese país se han desplegado más estaciones bases del estándar llamado Release 15 del 3GPP que en ningún otro mercado del mundo. Prueba contundente del dominio del gigante asiático y cómo la tradicional hegemonía tecnológica de Estados Unidos y Europa pasaba a un segundo plano.

Lo interesante del caso es que cualquiera que se haya tomado el tiempo de revisar los números de estaciones base en China para 4G encuentra que la cifra es superior a 3 millones de un total global de alrededor de 7 millones. Resumiendo: China posee más de 40% de todas las estaciones base de LTE desplegadas en el mundo, más que cualquier otro país. No obstante, esta mayor cantidad de infraestructura en esa generación móvil nunca se tradujo en el furor mediático que otorga supremacía tecnológica sobre cualquier otro país.

Aclaro que la comparación se hace sólo con 4G debido al alto nivel de fragmentación que experimentó China durante el crecimiento de la 3G, aparte de EVDO y UMTS, el mercado también experimentó con el sabor local de la tecnología llamado TD-SCDMA que llegó a superar en el 2014 los 200 millones de usuarios, representando en ese entonces 50% de todos los usuarios 3G de China.

Aseveraciones similares sin ningún tipo de información estadística que sustente los alegatos que se hacen en contra o a favor de una idea es algo extremadamente común en los medios. Hay veces que la realidad que transmite el especialista dista mucho de lo que afirman los reportes financieros, las consultoras internacionales o los datos oficiales de distintas entidades gubernamentales. Ante esta situación yo continúo visitando números, porque al final de cuentas, si me quieren vender espejitos, que comiencen diciéndome el precio real de los mismos.

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.