Aunque no hubo más estridencias como hace tantos años con Salinas, sí hubo un reconocimiento sonoro a una relación pacífica y productiva entre el gobierno que se va y los banqueros que se quedan.

No creo que vuelva a darse en el sector financiero un aplauso más emotivo, estridente y efusivo como el que le dieron los banqueros a Carlos Salinas de Gortari en la 58 Convención Bancaria en octubre de 1994.

En ese momento México estaba en una licuadora de cambios radicales. Salinas de Gortari estaba a menos de mes y medio de dejar el poder, ya había un Presidente electo, había un tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá funcionando, se había superado el impacto inicial del levantamiento armado de Chiapas.

Y, sobre todo, la comparecencia presidencial se daba ante una muy agradecida nueva generación de banqueros que habían, en su mayoría, saltado del mundo bursátil a la banca múltiple.

El salón principal del centro de convenciones de Cancún estaba repleto, desde que la voz oficial anunciaba la presencia del Presidente de la República, los asistentes se pusieron de pie e inició un aplauso, acompañado de vivas y otras expresiones de aprobación que en su momento fue materia de muchas crónicas.

Eso fue el 19 de octubre de 1994. Exactamente dos meses después se desataba una de las peores crisis financieras en la historia reciente de México. Los banqueros que entonces aplaudieron, vieron cómo se les iba entre las manos la mayor parte de su negocio.

Ayer, los banqueros que operan en México, no necesariamente mexicanos, le dieron una buena bienvenida a Felipe Calderón, quien encabezó su última inauguración de una convención bancaria en su calidad de Presidente de este país.

El Primer Mandatario apapachó a los banqueros, les dijo que el sector financiero es parte de la solución, no del problema del país. Como, efectivamente, lo había sido durante muchos años.

Hizo un balance de su sexenio en materia económica y financiera, no como si se tratara de un reporte final resignado, sino con ese tono de lucha electoral bordeando lo permitido por la ley.

Es mucho lo que hay que hacer, pero hay que decir que es mucho lo que se ha hecho, dijo el Presidente y encontró un buen aplauso al reconocer la labor de su gabinete económico, todos ellos consentidos de los banqueros.

Terminó su discurso y con entusiasmo, amabilidad, sinceridad, los presentes se pusieron de pie para despedir al Presidente con un aplauso extenso.

No más estridencias como hace tantos años con Salinas, pero sí un reconocimiento sonoro a una relación pacífica y productiva entre el gobierno que se va y los banqueros que se quedan a recibir a quien le suceda.

Y así es como Calderón puso punto final a sus encuentros en convenciones con los banqueros portando la responsabilidad de ser Presidente.

Podría, si está entre sus intereses, regresar a los encuentros bancarios, lo cual parece difícil porque Felipe Calderón ya desairó a los banqueros en su calidad de candidato presidencial, lo que nunca ocurrió en su carácter de Primer Mandatario.

Hace seis años, cuando el panista era candidato y tenía en López Obrador a un puntero que rebasar, su equipo de campaña decidió de última hora que no era prudente acudir al encuentro bancario que ya había desairado el perredista.

Los organizadores de la convención se enteraron en la televisión que los dejaría plantado el candidato presidencial del PAN y eso los hizo enojar mucho. Porque después de la respectiva despedida con todo y su deslucido aplauso a Vicente Fox, el plato fuerte era la presentación de los candidatos.

Hoy las cosas han cambiado. Hoy se espera que los cuatro aspirantes a la Presidencia estén ahí presentes ante los banqueros. Incluso el candidato que seis años atrás había mandado al diablo a las instituciones y a los banqueros se postrará frente a ellos.

Desde ahora se antoja que de los cuatro que hoy habrán de expresar sus puntos de vista ante los banqueros, el más taquillero resultará el propio Andrés Manuel López Obrador, quizá más por un asunto de morbosidad ante lo que podría decir este personaje que tanto detesta a los banqueros, pero que tanto se aguanta su disgusto en estos tiempos de campaña.

Interesante será ver cómo se mueve el aplausómetro bancario entre Josefina y Enrique, como también será interesante ver la popularidad del rockstar de la política, Gabriel Quadri.

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