Muchas veces he escrito en este espacio sobre la importancia de tomar responsabilidad acerca de nuestras decisiones financieras. Al final es nuestro dinero y nosotros somos los que decimos sí o no a lo que nos ofrecen. Culpar a los bancos (o al “asesor”) no ayuda en nada y no nos permite aprender de nuestros propios errores.

Eso lo sostengo rotundamente y lo señalo porque no quiero que lo que estoy escribiendo ahora se malinterprete. Nosotros y nadie más somos responsables de lo que sucede en nuestras finanzas personales.

Ahora bien, eso no significa que no haya corresponsables. He visto casos de personas que tienen, en el banco donde reciben su nómina, créditos al consumo cuya mensualidad representa más de 50% del ingreso mensual de esos clientes. Los expertos señalan que nadie debería comprometer más de 30% de su ingreso en deudas (hasta 40% en total si hay crédito hipotecario), esos aún me parecen, particularmente límites muy altos, pero en fin.

¿Por qué? Las instituciones financieras mandan regularmente “ofertas” a ciertos clientes, particularmente aquellos de altos ingresos y que además han sido responsables en sus pagos. Por ejemplo: una nueva tarjeta de crédito preaprobada con beneficios distintos, ofertas de créditos de nómina o de auto, hasta “cheques de conveniencia” que no son más que adelantos de efectivo, con cargo a la línea de crédito de su tarjeta, con tasa “preferencial”.

El problema es que esas ofertas no toman en cuenta la capacidad de pago de las personas. Hay gente que tiene dos o tres tarjetas de crédito del mismo banco, dos préstamos de nómina y uno de automóvil. La mayoría como resultado de “ofertas” que recibieron.

Me queda claro que si un cliente hubiese solicitado esos préstamos en bancos distintos, no habría conseguido todos. ¿Por qué? Cuando uno pide un préstamo, el banco hace un análisis que incluye no sólo la evaluación del historial crediticio del prospecto, sino también de su capacidad de pago. Al ver todos los demás compromisos de esa persona, muy probablemente la solicitud habría sido negada.

Pero los bancos, cuando mandan ofertas, no hacen análisis individual. Simplemente las envían a todo ese segmento. No sólo solapan el sobreendeudamiento, sino incluso lo promueven. Por eso pienso que hay una corresponsabilidad en ello (sin quitar que el cliente, como he mencionado, es quien toma la decisión de tomarlos o no).

Ahora bien, cuando el cliente tiene un problema de pago y se acerca para buscar una reestructura, con toda la voluntad de pagar la totalidad de sus compromisos, encuentra puertas cerradas. Varios lectores me lo han reportado: acuden a su sucursal y la respuesta del personal es simplemente que no tienen posibilidad de ayudar. Algunos incluso recomiendan al cliente dejar de pagar para que entonces, el área especializada, pueda ofrecer alguna alternativa (claro, con todo lo que eso implica: intereses moratorios o comisiones por no pago, además de afectación a su historial crediticio.

Los clientes que se acercan al banco, porque quieren pagar, están buscando un acuerdo ganar-ganar, que les permita a ellos seguir cumpliendo con sus compromisos en tiempo y forma, y al banco seguir ganando con el cobro de intereses y cuidando a sus clientes. Lamentablemente, el banco parece ofrecer, irónicamente, una solución perder-perder. Nunca lo he podido entender.

Los bancos no sólo son corresponsables del sobreendeudamiento, sino de la cultura del no pago. Esa es la triste realidad.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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