Está en el centro del debate el tema de los ajustes que deben realizarse en Grecia para que diversas instituciones intervengan en su rescate.

Éste no es un tema nuevo para los mexicanos, ya que hace menos de dos décadas padecimos el efecto de los ajustes ordenados por el Fondo Monetario Internacional, entonces conocido públicamente como el Consenso de Washington, de donde derivaron cambios como el régimen de cuentas individuales de pensiones.

En el fondo, los problemas de las crisis se encuentran en el desorden de las finanzas públicas, originados en las ansias de los políticos por ofrecer satisfactores a su electorado, los cuales se encuentran fuera de las posibilidades del Estado para ofrecerlos, decidiendo entonces incrementar el gasto con un aumento en el déficit, que se financia emitiendo deuda.

Cuando existe coordinación entre la política fiscal y monetaria, este tipo de acciones se limita, ya que el desequilibrio externo que se genera por el déficit produce otra clase de efectos, como el debilitamiento del tipo de cambio y un posible faltante de divisas para financiar las operaciones con el exterior.

Si bien en México tuvimos que hacer frente a este efecto, no ha pasado así en las economías europeas, debido a que la política monetaria la maneja el Banco Central Europeo y las economías locales, aunque se comprometen a no caer en déficit, hemos visto que es normal que no cumplan.

El tipo de modificaciones a realizar es vender, cerrar o realizar un ajuste mayor a muchas instituciones gubernamentales, tal y como hicimos en México, aunque como es para todos patente, dicho ajuste no se realizó completo y en la gran mayoría de los casos se hizo mal.

Luego de la crisis de 1994, dichos ajustes fueron satanizados, por lo que se hicieron a un lado y se han ido retrasando al grado de que hoy la economía está prácticamente estancada.

Los críticos acérrimos de este tipo de política insisten en que se debe volver al estado previo, en el que el gobierno recupere lo que se dejó, se eleve el déficit y volvamos a crecer.

Esos críticos no han visto que es precisamente el gobierno presente en la economía nacional el factor que eventualmente debilita las finanzas, produce déficit e inestabilidad, aparte de que crea un esquema de incentivos desalineado que obstaculiza la iniciativa de la gente para trabajar, invertir y esforzarse más.

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