En sus más de ocho décadas de existencia, Pemex ha sido protagonista, víctima, testigo y escenario de muchos atropellos: derrames catastróficos, fraudes escandalosos, derroches multimillonarios y atropellos dolorosos. Pero nada de eso se le ha pegado. Pemex, como un todo, nunca ha sido malo.

En un nivel conceptual, esto tiene sentido. Pemex no es más que una plataforma que ata al Estado mexicano con muchas decenas de miles de empleados, contratos de miles de millones de dólares para la operación de activos, derechos para la exploración, producción, refinación, distribución y comercialización de energéticos... todo bajo una visión de generación de valor para el Estado mexicano. Políticos y ejecutivos malos, en todos los niveles, pueden haber pervertido sus acciones. Las metas se pueden haber cumplido o no. Pero el espíritu de Pemex no se ha tocado.

El error surge al extrapolar: la ausencia de maldad de Pemex, como concepto total, no implica que no tenga activos tóxicos. Agronitrogenados y Fertinal, sin duda, son dos ejemplos recientes. Pero, en el estado actual en el que están, algunas refinerías, plantas petroquímicas, y centros de procesamiento y distribución logística califican, al haberse vuelto más centros de costos que de producción. Activos petroleros enteros que han registrado inversiones importantes, como Chicontepec y Lakach, están en la misma situación. En el mejor de los casos, las inversiones necesarias para ponerlos en plena marcha conllevan un riesgo financiero tan alto que podrían considerarse activos tóxicos para Pemex en este momento.

Si todos estos activos se empaquetaran en una sola entidad dentro de Pemex, ahí sí podríamos hablar de un Pemex malo. Suena novedoso, pero es una práctica que empresas líderes, al enfrentar problemas graves con su portafolio, están explorando. En su doloroso proceso de reestructuración y replanteamiento para salir de su crisis actual, Deutsche Bank, uno de los bancos más importantes del mundo, está en proceso de crear lo que muchos analistas llaman un banco malo —una entidad de activos non-core — que recibiría el grueso de todos los activos tóxicos que su división de banca de inversión ha generado a lo largo del tiempo. Aislando la toxicidad, dice la teoría, los buenos activos dejan de verse contaminados por los malos.

Claro que es un proceso doloroso. Implica reconocer a las malas oportunidades, malos proyectos y malas ideas, que en algún momento se comunicaron como potencialmente valiosas, como lo que son: apuestas tan riesgosas que llegan a ser poco realistas para la empresa en este momento, en el mejor de los casos, y grandes pérdidas de dinero en los otros. Aun cuando una empresa “mala” logre monetizar algunos activos (tóxicos para ella, pero no para otros) y rebalancear sus prioridades para darle la vuelta a otros, en el proceso se tienen que desincorporar muchos activos de la hoja de balance. Los writedowns y writeoffs son inevitables en un ejercicio de esta naturaleza. Se trata mucho menos de privatizar, con todas las connotaciones que conlleva, que de amputar.

Pero la alternativa, seguir como vamos y asumir que todo lo que hace cualquier activo de Pemex es inherentemente bueno y potencialmente rentable es tramposa, es peligrosa. De acuerdo con muchos analistas, Pemex entero —a pesar de tener muy buenos activos— está en condiciones críticas, a flote sólo por las medidas extraordinarias del gobierno para apoyarla. La traducción es que el presupuesto de las contribuciones fiscales de los mexicanos, hoy por hoy, se sigue usando para financiar tanto activos sanos y estratégicos como planes y activos tóxicos y poco estratégicos.

Nadie puede asegurar que la separación de activos en Deutsche Bank vaya a funcionar por completo. Pero, en cualquier caso, sus accionistas por lo menos han estado dispuestos a reconocer que su querido banco tiene una serie de partes malas que, sumadas, forman lo que se podría llamar un banco malo.

¿Y los mexicanos que, de acuerdo con la ley, somos accionistas de Pemex? ¿Para nosotros de plano sigue siendo mejor negar que, más allá de funcionarios ineptos o corruptos, hay un Pemex muy malo?

PabloZárate

Consultor

Más allá de Cantarell