La excitación política en España no ha logrado menguar ni con la crisis del coronavirus. si una pandemia que ha matado a 12,418 españoles no logra el milagro de la despolitización, entonces la condición política resulta ser miserable.

La que pasó, ha sido la semana más crítica para el presidente Pedro Sánchez desde que asumió la presidencia porque el nivel de muertos por día rozó los 1,000 y también porque cometió varios errores en el manejo de crisis de la pandemia.

El olor a sangre despertó los peores apetitos concupiscentes del partido ultraderechista (Vox) y del PP de Pablo Casado. Ambos partidos se encuentran en plena batalla para determinar quién domina el espectro de odio en las redes sociales, escenario fundamental para crear y difundir estados de ánimo en contra de los gobernantes.

En las antípodas económicas, Sánchez tuvo a Iñigo Urkullu y Quim Torra, presidentes de las comunidades vasca y catalana, respectivamente, en una serie de jaloneos que terminaron por presionarlo sobre el grado de paralización de la economía que debería ordenar en todo el país. Urkullu no quería el paro total de las actividades; Torra lo viene solicitando desde hace varias semanas. Al ver el tablero de los decesos, Sánchez tuvo que aplicar las medidas más duras de confinamiento de Europa.

Pedro Sánchez exteriorizó a través de su aislamiento, quizá, su perplejidad ante el azote del coronavirus en su país. Omitió compartir con los líderes de la oposición detalles sobre el plan del estado de alarma que decretó la noche del domingo 29 de marzo e instauró un modelo de conferencias de prensa a la cubana, es decir, filtrando las preguntas y excluyendo la posibilidad de repreguntar. Esto último le acarreó duras críticas periodísticas, en especial del diario El Mundo que decidió cancelar su participación.

En un vuelco de escenarios que obedece a la aceptación de errores, Sánchez pidió disculpas por no haber tomado en cuenta a los líderes de la oposición y les llamó el viernes por teléfono para informales que tomaría la decisión de prorrogar el estado de alarma. El líder de Vox, Santiago Abascal, no le tomó la llamada; su mezquindad le ha nublado el sentido de la realidad crítica que vive España.

Por otra parte, Sánchez lanzó el sábado una propuesta de unos nuevos pactos de la Moncloa. El presidente entiende que solo no va a poder emprender acciones para reducir los efectos de la crisis económica que se pronostica.

de los españoles, 92% estaría hoy a favor de unos acuerdos de amplio espectro para buscar una salida a la serie de crisis que está produciendo el Covid-19, según una encuesta de Metroscopia en el diaro La Vanguardia. El apoyo es unánime, pero el escepticismo no es alentador: 79% de los encuestados considera improbable que los partidos políticos españoles y los actores sociales sean capaces de alcanzar un gran acuerdo para el relanzamiento del país.

Los acuerdos firmados el 25 de octubre de 1977 fueron una iniciativa del gobierno de Adolfo Suárez, a instancias del vicepresidente económico Enrique Fuentes Quintana. Como bien recuerda Enric Juliana en La Vanguardia, Fuentes Quintana era un “técnico de reconocido prestigio, antiguo director del servicio de estudios del ministerio de Comercio, vinculado en su juventud al equipo que redactó el Plan de Estabilización de 1959”.

Juliana recuerda que los Pactos de la Moncloa no se firmaron para echar a nadie del gobierno. “No fue un acuerdo excluyente. El día de la firma no se cabía en la mesa. No fue un pacto exclusivamente económico, aunque pivotaba alrededor de la moderación salarial”.

Los trabajadores aceptaron una pérdida de 8 puntos de poder adquisitivo para atajar el crecimiento de la inflación, que se situaba en 30 por ciento. También aceptaron el despido libre para 5% de las plantillas, entre otros temas.

Ahora, el balón está en la cancha del PP. Sánchez corrigió y no ira solo sobre el pantanoso camino de la crisis.

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.