El 2.1% de la población global va a influir en la geopolítica durante los próximos cuatro años. Se trata de los 160 millones de estadounidenses que se registraron para votar en las elecciones presidenciales del día de mañana.

La influencia de Estados Unidos en el mundo la respaldan algunas cifras: tiene el 43% de las bombas atómicas que existen en el planeta y su gasto en Defensa representa el 40% de la suma de todos los países.

Estados Unidos tiene 800 bases militares asentadas en 80 de los 195 países del mundo. Ningún país se le acerca.

Decir que el 2.1% de la población del mundo decidirá al ganador de la elección, es demasiado. Hace cuatro años 190,000 votos inclinaron la balanza a favor de Donald Trump: Wisconsin, Michigan, Pensilvania y Florida.

Esas 190,000 personas cambiaron el destino de miles de millones de personas, pero sobre todo, legitimaron las decisiones de un presidente que, como escribe Javier Solana en la revista de El País, llegó a la Casa Blanca no con el ánimo de adaptarse a la Presidencia, sino adaptar la Presidencia a su perfil.

Fueron 190,000 personas las que ayudaron a Trump a inclinar la balanza en contra de Irán en un acuerdo exitoso diplomáticamente hablando porque Obama, junto a los países del Consejo de Seguridad más Alemania, lograron sentar en la mesa de negociación a las autoridades iraníes, algo no visto en décadas.

Fueron 190,000 personas las que brindaron la posibilidad a Trump de sacar a Estados Unidos del acuerdo de París (Javier Solana recuerda que en uno de sus pocos discursos en la Asamblea General de la ONU, Trump mencionó la palabra soberanía cada dos minutos, en referencia a un concepto del siglo XVII dejando a un lado la estrategia para paliar los efectos del cambio climático en el mundo) o del silencio de Trump frente el asesinato del periodista Khashoggi ordenado por el líder de facto en Arabia Saudita, Mohamed Bin Salman.

Los 190,000 votantes han animado a Trump a mentir más de 22,000 ocasiones durante los casi cuatro años de su gobierno. La mentira más riesgosa podría ocurrir mañana en la noche si el candidato republicano no acepta los resultados ante una eventual derrota bajo pretexto de un fraude. Escenario imaginario que promueve desde hace meses.

En efecto, Trump ha debilitado la joya más valiosa de Washington: la diplomacia. En su gobierno, el presupuesto de Defensa ha sido 30 veces superior al de la secretaría de Estado y una tercera parte de los puestos de trabajo en las oficinas de Foggy Bottom, como se le conoce a la sede del departamento de Estado, los ha dejado vacantes y/o los encabezan funcionarios en funciones.

De las 50 elecciones que habrá en Estados Unidos (una por estado), ya se conoce quién se llevará los votos electorales el próximo martes en el 90% de las localidades.

Los resultados en California se conocen desde hace muchos años con tan solo mirar el perfil demócrata del estado, la demografía no ha oscilado hacia el lado republicano.

Lo mismo ocurría en Texas a favor de los republicanos, sin embargo, los cambios demográficos están incrementando la influencia demócrata.

El determinismo en cuanto al buen ambiente electoral no aparecerá mañana. Desde mayo, para elegir un referente que desató la violencia en varias ciudades por el asesinato de George Floyd por parte de un policía blanco, el entorno social se ha degradado. Desde algunos meses antes, cuando inició el azote del Covid-19 en Estados Unidos, la compra de armas ha crecido 91% hasta el mes de octubre en comparación con el mismo periodo de 2019. Inclusive, el FBI desarticuló un operativo que tenía como objetivo secuestrar a la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer.

190,000 votos cambiaron al mundo en 2016. ¿Y mañana, cuántos votos moverán al mundo durante cuatro años?

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.