De manera vertiginosa, AMLO llega a sus primeros 100 días de gobierno, una eternidad para sus detractores o un suspiro para él, considerando la magnitud de su proyecto transformador.

En 100 días de gobierno, AMLO ha realizado más conferencias de prensa que sus predecesores en seis años, viajes en aviones comerciales y múltiples giras de trabajo donde se transpira el apoyo popular.

En estos tres meses ha sentado las bases de la 4T: guardia nacional, ley de los salarios máximos, reforma educativa, reorganización de la Administración Pública Federal, estrategia de combate a la corrupción, designación de funcionarios incondicionales en los puestos claves, lealtades, control administrativo y política es el signo de su gobierno.

La forma de hacer política de AMLO es austera y enérgica. Nadie tiene duda de quién toma las decisiones; para bien o para mal, AMLO recuperó la presidencia de la República y se asume como el responsable inequívoco de las políticas públicas y el centro del poder transformador.

La decisión política y popular se encumbra e impone a la racionalidad técnica: la corrupción en el aeropuerto, estancias infantiles, refugios para mujeres y las consultas públicas son un claro ejemplo.

La conferencia mañanera ha desnudado a los miembros de su gabinete, los comunicadores se han dado un festín con los funcionarios públicos y cada vez se nota más, el desgaste de los funcionarios y de su mensaje matutino. Resulta agradable su disposición a platicar con los reporteros, aunque ese ejercicio no sea fructífero, en ocasiones, para ninguna de las partes. En mi opinión, mejor que sobre a que falte.

En el tsunami de los 100 días, hay ganadores y perdedores. La oposición política, casi inexistente, no ha podido estructurar una red coherente que confronte y matice el proyecto lopezobradorista; la prensa fifí, que califica de desastrosa la gestión económica y de amenazante para la democracia, así como su proyecto político, tampoco logra generar influencia entre los sectores sociales. El presidente AMLO sale bien calificado en las encuestas que miden su desempeño.

En el gabinete la doctora Olga Sánchez Cordero, a pesar del fuego amigo, sigue siendo una voz de calidad en el gobierno de López Obrador, su influencia social y política es un referente en la secretaría de gobernación.

Van 100 días, pocos para sentar las bases transformadoras, o muchos para comprar pasaje seguro al apocalipsis político. Usted querido lector, tiene la última palabra.

EliseoRosales Ávalos

Abogado

Los mismos de siempre

Politólogo y abogado, académico, columnista, presidente de ciudadanos sin partido y orgulloso mexicano.