(Tercera y última parte)

Esta parte final de la serie se enfoca en los grandes errores a la hora de invertir nuestro dinero y de lo que pasa cuando no protegemos lo que tenemos y estamos construyendo:

6. No invertir nuestro dinero.

El ahorro es necesario para poder crear un patrimonio, pero por sí sólo no es suficiente: hay también que saber invertir de manera inteligente.

Si no lo hacemos, nuestro dinero perderá poder adquisitivo, por el efecto de la inflación, lo cual en el mediano o plazo puede ser devastador. Pero, además, la inversión inteligente, paciente y consistente es lo que permite multiplicar nuestro capital en el largo plazo, gracias al poder del interés compuesto.

Invertir tiene riesgos, sin duda, pero el mayor riesgo es precisamente no invertir.

7. Invertir persiguiendo rendimientos, sin tomar en cuenta primero el riesgo.

Mucha gente es víctima de la promesa de rendimientos muy atractivos y, por eso, terminan cayendo en estafas o tomando riesgos altísimos. Además, muchos invierten sin saber exactamente de qué se trata o cómo funciona el instrumento que eligieron, lo cual sin duda es un grave error.

Siempre, antes de invertir, primero hay que conocer el riesgo. Luego los rendimientos. De hecho, la diversificación de nuestro portafolio debe buscar primero controlar el riesgo y entonces, sólo entonces, maximizar el rendimiento potencial.

8. Pensar que a nosotros no nos va a pasar.

Las personas inteligentes saben cuidar y proteger lo que ya tienen y lo que están construyendo. Muchos, sin embargo, no lo hacen porque piensan que el riesgo es remoto o simplemente, que a ellos no les va a pasar.

Pero las cosas sí pasan y lo estamos viviendo. Nadie pensaba hace un año que estaríamos en medio de una pandemia larga, de consecuencias muy severas. Hay familias que han perdido su hogar en un terremoto; o niños que en un accidente pierden a ambos padres. Todos los días suceden cosas graves y terribles en el mundo: es parte de él.

Por eso es nuestra responsabilidad protegernos (y eso incluye la sucesión). Sí, cuesta dinero, pero las consecuencias de no hacerlo siempre son mucho peores.

9. No sabernos asesorar.

Mucha gente deja sus decisiones financieras en manos de “expertos”. Tenemos que entender, sin embargo, que una asesoría es un consejo. Un buen asesor nos ayuda a evaluar nuestras opciones, a ponerlas en contexto, para que así podamos tomar una decisión adecuada. Pero la decisión siempre la tomamos nosotros, más cuando se trata de nuestro patrimonio.

Desafortunadamente en el mundo financiero, los “asesores” muchas veces no son más que vendedores (empleados o comisionistas de instituciones financieras) mal capacitados (aunque tengan su cédula). Ganan una comisión por venta, además de otros incentivos, y eso siempre implica un conflicto de interés. Esto no significa que todos sean malos: hay gente muy buena y que siempre pone primero al cliente. A estos son los que hay que encontrar.

10. No tener un plan.

Hay muchas personas que van hacia donde la corriente les lleve. Como subirse a un bote sin instrumentos, sin timón, sin rumbo ni destino. Lo más probable es que eso no acabe bien.

Por eso es importante tener un plan, que puede ser sencillo o detallado. Se trata simplemente de tener una idea clara de dónde estamos parados y a dónde queremos ir. De esta manera podemos saber si las decisiones que estamos tomando nos acercan, nos alejan o nos distraen de nuestro destino.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com