Q uienes más deben lamentar el retiro anticipado y sorpresivo de la golfista Lorena Ochoa son los niños pobres de la Barranca de Oblatos y otros menores poco afortunados de las zonas marginadas de la ciudad de Guadalajara, cuna de la famosa y exitosa deportista.

La fundación que generosamente estableció Lorena Ochoa ya no tendrá ingresos adicionales con los cuales se engrose su patrimonio. Se dirá que ya cuenta con suficiente capital, aunque esa respuesta es insatisfactoria.

Los dineros nunca son suficientes cuando lo que está de por medio es la lucha contra la pobreza, sobre todo mediante la educación.

Ochoa ha tomado una decisión precipitada. También ha sido una decisión perjudicial. Se va a arrepentir. El retiro le va a costar mucho en términos del dinero que dejará de ganar.

La golfista tapatía tiene acumulado un total de 14.8 millones de dólares de ganancias oficiales en seis años de competencia. El dato arroja un promedio anual de ingresos de 2.4 millones.

Seamos conservadores. Pensemos que en ocho años más de competir en la LPGA hasta cumplir los 35 obtuviera ingresos oficiales anuales por 1.5 millones de dólares. Ello elevaría el caudal acumulado en 12 millones de los cuales la mitad podría destinarse a ayudar a los niños pobres.

En el deporte moderno, los deportistas estrella no incurren en gastos de viaje y de hospedaje, y a esto debe sumarse que obtienen otros ingresos por vía de patrocinios y promociones.

Lorena Ochoa debe haber recibido percepciones mucho más cuantiosas que las oficiales. Si ha ocurrido así, es porque su desempeño como deportista le permitía ganar dinero a otras instancias. En particular a sus patrocinadores que habían decidido apoyarla como un medio para impulsar sus ventas.

Téngalo por seguro, querido lector: Banamex, Audi y Lacoste seguramente no patrocinaban a Lorena por altruismo.

Pero lo verdaderamente importante no reside en la capacidad que ha tenido Lorena para obtener ingresos, sino en otro factor fundamental: en el talento que posee para jugar al golf de espectáculo que es el que permite tener fama y también éxito económico.

Ése es el elemento que ha suprimido arbitrariamente por razones desconocidas salvo para los más íntimos.

Se trata de un desenlace en el que nadie gana y todos pierden: en especial Lorena Ochoa.

bdonatello@eleconomista.com.mx