En alguna ocasión, reflexionando sobre las desventuras históricas de México, un observador perspicaz me comentó que si Echeverría se hubiera conducido ya como presidente con la misma discreción y prudencia con las que había actuado como funcionario, tal vez habría terminado haciendo un buen gobierno. En tiempos recientes y con inspiración en esa interesante idea, llegué a formularme la hipótesis de que también lo mismo podría aplicarse a López Obrador si, en caso de triunfar en los próximos comicios, encabezaba un gobierno que actuara con la moderación y espíritu conciliatorio a como se ha comportado durante las últimas etapas de la campaña.

Pero ayer por la noche, en ocasión del debate final entre los candidatos en campaña, deseché en definitiva mi aventurada hipótesis. Al contemplar la actuación de AMLO en esa confrontación con sus rivales, me di cuenta inmediata de que su moderación e intención conciliatoria han sido tan sólo tácticas de campaña sin ningún fundamento, sin ninguna convicción.

También en los debates AMLO ha aplicado la estrategia de eludir las definiciones básicamente mediante dos argumentos: que todos los males de México se deben a la corrupción o que hay que cancelar cualquier discusión en razón de la ventaja que tiene Morena en las encuestas. Pero ayer se tuvo que salir del libreto y no le quedó más remedio que definirse respecto a la reforma educativa. Ése fue el momento de la revelación.

En México, la política educativa ha estado secuestrada por una agrupación corporativista, patrimonialista y saqueadora, en perjuicio de las familias que no pueden proporcionar una educación privada a sus hijos. Pues bien, fue en apoyo total de esa agrupación y en contra de los niños como se manifestó ayer AMLO al denostar la reforma educativa.

Lamento profundamente la muy mediocre actuación de ayer de los tres moderadores en el debate. Ahí estuvieron frente a AMLO para preguntarle que se definiera, en beneficio de la opinión pública, en cuanto a la reforma energética, al aeropuerto de la CDMX, a la inversión extranjera, en cuanto al respeto a las instituciones autónomas y para aclarar los ingresos que ha tenido a lo largo de estos últimos seis años de campaña permanente. Nada de eso se le preguntó al elusivo personal y la responsabilidad de la omisión recae en ellos, no en él. Con su protagonismo, fallaron en servirle al electorado y de paso a México.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico