Hace un año y dos meses se anunció la construcción de una nueva terminal aérea para la capital del país, en virtud de que hace 13 años y tres meses se canceló la edificación de otro aeropuerto en Texcoco y de que hace dos generaciones se discute sobre la saturación de la actual terminal.

No hay nada nuevo en el tema, la saturación llegó y es un problema de competitividad para el país. Ya se está en proceso de construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) y ya tiene fecha exacta de inauguración.

Pero todo eso no importa. Andrés Manuel López Obrador, el activo precandidato presidencial, eligió ese tema como la nueva bandera para posicionarse en los medios y en la discusión política nacional.

Experto como es en propaganda, lanza un mensaje simple, emotivo y breve que siempre será aplaudido por sus feligreses y que siempre logra que muchos de los otros muerdan, mordamos, el anzuelo.

Pero ésta sí es una historia que hay que seguirle puntualmente a este personaje.

No hay que olvidar que Andrés López se perdió la gran batalla de su vida política. Cuando este país discutió en el Congreso la reforma energética, el dos veces derrotado candidato presidencial convalecía de un ataque cardiaco que casi le costó la vida. Para cuando fue dado de alta, la reforma ya estaba en fase de implementación.

López y su partido necesitan reflectores. Sus soldados en posiciones de gobierno son muy pequeños, como en el caso de Ricardo Monreal, y no han logrado notoriedad.

Y en el Congreso se han convertido en la previsible oposición que siempre dirá no a todo, trátese de lo que se trate.

Los grupos que sostienen otras banderas de gran impacto social como los maestros de Oaxaca o los padres de los normalistas de Ayotzinapa han bateado a López Obrador en cada intento que ha hecho de acercarse a ellos.

Y los cánones de la propaganda marcan la necesidad de una agenda de confrontación que sea relevante.

Y ahí es donde se cruzó el aeropuerto: la única obra de infraestructura de relumbrón que hará este gobierno y a la que le han apostado tanto para que no fracase en el intento.

Si todo fuera elegir una bandera desde la oposición radical y bombardearla, no hay nada nuevo. López lo ha hecho de toda la vida. Podrían darle el avión a este personaje.

Pero hay un detalle básico. Este aspirante presidencial tiene posibilidades reales de ser presidente en el 2018 y el NAICM promete el primer vuelo el 20 de octubre del 2020.

Esto implica que la siguiente administración tendría la responsabilidad de terminar el aeropuerto. Pero, ¿si ese tendría que ser López, quien hoy se opone tajantemente al proyecto?

Ya sabemos que López Obrador dice que si llega a la Presidencia echaría para atrás las reformas constitucionales. Para ello se requeriría de una mayoría calificada en las dos cámaras y una mayoría de congresos locales que no se anticipan. Siempre y cuando, claro, este país mantenga los esquemas democráticos.

Pero el aeropuerto podría cancelarse por una decisión del Ejecutivo. Así que lo que hoy parece una estratagema política a destiempo, lo que podría pasar por una ocurrencia más, como oponerse al horario de verano, puede ser una amenaza real para este megaproyecto de infraestructura emblema del gobierno de Peña Nieto.