Hace poco, el candidato de Morena, López Obrador (AMLO), arremetió contra los empresarios y los acusó de que sólo se dedicaban a “saquear”, mientras el resto de la población permanece en el atraso. El pronunciamiento es de importancia, pues permite abundar en el tema de mayor actualidad en materia económica que es el de la disfuncionalidad de la propuesta económica del populismo. Es decir, una de las razones por las cuales esa propuesta es disfuncional es porque es antagónica a la clase empresarial y a su misión social que es la de manejar las unidades productivas con eficiencia y productividad.

¿A qué se refiere AMLO cuando acusa que los empresarios son saqueadores? Ese supuesto saqueo sólo puede provenir de una cosa: de que operan a sus empresas con rentabilidad y las ganancias correspondientes les han permitido acrecentar su patrimonio.

Al acusar a los empresarios de saqueadores, AMLO debe recordar que no sólo forman parte de la clase empresarial los grandes capitanes de industria. También son empresarios los millones de propietarios de pequeños negocios que pueden llevar el sustento a sus hogares gracias a que “saquean”. Es decir, a que manejan a sus pequeñas empresas con eficiencia para obtener una ganancia que es su fuente de ingreso. Pero al parecer, AMLO únicamente simpatiza con una rama especial de los empresarios: aquellos que en búsqueda de una ganancia se dedican a actividades criminales como el secuestro y el tráfico de drogas. A ese segmento ya les ofreció amnistía para que sean buenos chicos y coadyuven a la paz social.

De hecho, sólo hay una manera de que el resto de los odiados empresarios dejen de “saquear”. Ésta es que sus empresas pasen a manos del Estado por la amable vía que ha venido proponiendo Taibo II: la de la expropiación. Así, en el eventual paraíso de un sector productivo estatizado, los empresarios quedarían remplazados por burócratas. Y estos últimos, sin incentivo alguno para la eficiencia y la innovación y harta oportunidad para la corrupción, acabarían en el fin deseado: la supresión de la rentabilidad de las empresas para que sus dueños dejen de saquear y así pierdan su capacidad para crear plazas de trabajo, pagar impuestos y proveer a la población de bienes y servicios. Pero los mayores perjudicados serán los ciudadanos que quedarán sin empleos, sin salarios y con estantes vacíos en las tiendas.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico