Faltan menos de 15 vueltas para que termine la Gran Carrera por el Gran Premio de México y, sólo que ocurra una verdadera desgracia o un verdadero milagro, el Molido Solitario será el próximo ganador.

Como ha ocurrido en gran parte de la competencia, lo verdaderamente emocionante ha acontecido en la encerrona que traen el segundo y el tercer lugar.

La semana que recién concluye, Tony El Irlandés ideó una estrategia para sacar a Ricky El Gallo Blanco del segundo lugar y con ello de la gran carrera, pero parece que no todo ha salido conforme a lo planeado.

Justo cuando el piloto venía saliendo de un encuentro con estudiantes jesuitas (hasta le dieron su cédula del patriarca San Ignacio para ponerla detrás de la puerta) por la bajada de Santa Fe que se le empareja Tony El irlandés y que lo salpica del tremendo lodazal que se encuentra frente a un hotel de paso que está estratégicamente escondidito.

Bueno El Gallo Blanco quería salir por Constituyentes y terminó saliendo por el camino que va a dar a la zona de las Lomas de Chapultepec.

Pero Tony tenía una jugada más. Sabía que en la carretera había grava suelta y tremendas rocotas de esas que, si las agarras patinando, salen como verdaderos proyectiles hacia atrás. Y que se adelanta. Manchadito.

Dicen que, atrás, a Riky El Gallo Blanco se le pusieron los pelos de punta (bueno como espinas ya ven que le gusta chiquito para que no lo buléen porque se le ve rojita su cabecita) y entre el desconcierto sólo atinó a sacar su estampita donde dio lectura en voz al cuello a la primera frase: “….dice al demonio NO ENTRES”.

Y que saca destreza de flaqueza. El bólido que comienza a dar vueltas y vueltas es torno a su propio eje.

Desde las gradas dijeron: “¡Se va a matar esa criatura!”, “¡Ayúdenle!”, “¡Le va a dar un aire!”.

Cuando venía el tremendo rocón y con el giro del carrito azul, el proyectil le pegó justo en el alerón trasero, justo ahí donde trae la decoración de un solecito negro con un fondo amarillito tipo anochecer en Acapulco (o anochecer en Iguala, que es casi lo mismo) y, reata k (es que así me lo platicó un amigo mío que lo vio de cerquita) que se regresa como disco del jálale, ay, o quien sabe cómo se llama ese deporte que practica Mikel Arriola y que la roca va a dar justo en la aleta delantera (está, bien, está bien, arribita de la llanta delantera izquierda, arriba de la salpicadera).

No se sabe qué tan grave es el fregadazo, porque los dos bajaron hechos laaaa…, muy rápido hasta la fuente de Petróleos, ya ven que van a Los Pinos.